Todo llega

El conflicto en Ucrania ha concluido con el desenlace previsible. Durante tres años, los propagandistas occidentales disfrazados de “analistas” y “expertos” alimentaron la ilusión de una derrota rusa y ocultaron el hecho de que la verdadera lucha era entre la OTAN y Moscú, mientras Ucrania solo servía como peón. Ahora, con el reconocimiento de Estados Unidos y Donald Trump sobre la victoria de Putin el mundo entra en una nueva etapa: se impone un orden multipolar en el que Rusia, Estados Unidos y China definirán el nuevo equilibrio global. Y el desafío ahora es comprender las consecuencias de este reordenamiento, sobre todo para nuestros países periféricos, donde el impacto aún es incierto. La multipolaridad podría atenuar o intensificar el neocolonialismo. El análisis serio y objetivo será clave para interpretar el futuro y navegar este nuevo escenario geopolítico.
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Después de tres años de una controversia más bien estúpida, porque el resultado del diferendo siempre fue una obviedad ululante, termina al fin el debate sobre la operación militar especial de Vladimir Putin sobre el territorio ucraniano y la discusión se zanja precisamente con aquel resultado que era lo obvio. En tres años muchos se envolvieron en la bandera de Ucrania, arriesgaron pronósticos delirantes en los que Rusia aparecía derrotada e invadida no se sabe muy bien por quién y Putin terminaba siendo capturado y puesto a disposición de la corte penal internacional.

El que tenga memoria a mediano plazo recordará los miles, cientos de miles de análisis en los medios y de publicaciones en las redes sociales diciendo eso mismo. Hubo mucha gente que presume de conocer la geopolítica, cualquier cantidad de “analistas” y “expertos” pronosticando que Ucrania iba a ganar la guerra y Volodímir Zelenski iba a pasar a la historia como una especie de Winston Churchill del siglo XXI o algo por estilo.

Fueron años muy difíciles porque quienes realmente conocen la realidad de la geopolítica se vieron obligados a explicar que no había ninguna guerra y que, aunque la hubiera, Ucrania no podría ganarla porque Ucrania no es ni jamás fue un enemigo para Rusia. Había que explicar que Putin hizo un movimiento táctico y que los conflictos resultantes de dicho movimiento fueron entre Rusia y la Organización de Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Los ucranianos allí fueron simplemente usados como carne de cañón por Occidente, nunca fueron contendientes.

La lucha por el control táctico de la región del Río Don en el oriente del territorio ucraniano siempre fue entre una OTAN que quería expandirse por allí y una Rusia que trataba de evitar esa expansión. Eso hubo que explicar una y otra vez durante tres largos años contra la opinión poco educada de aquellos “expertos” y “analistas” que más bien eran improvisados difusores de propaganda de guerra occidental.

Todo eso por suerte terminó y ahora empieza una nueva etapa: la de intentar comprender, ahora sí, las consecuencias del resultado que siempre estuvo más cantado que Caminito. Ahora los Estados Unidos por boca de su presidente Donald Trump le han dado la razón a Rusia y han declarado que Putin es el gran ganador de la geopolítica en este siglo. Y habrá que analizar con seriedad de aquí en más la principal consecuencia de esa declaración y es el establecimiento de un nuevo orden jurídico internacional.

De cierto modo, la humanidad está hoy más o menos como en 1945, pero sin haber transitado una guerra mundial. Lo que se sigue al reconocimiento por parte de los Estados Unidos sobre la insostenibilidad del orden mundial unipolar son las conferencias en las que los líderes de las superpotencias emergentes deberán sentarse a acordar un nuevo reparto del mundo.

Al parecer esas superpotencias son los mismísimos Estados Unidos, Rusia y China, que van a llegar a esas conferencias en distintas situaciones. Los yanquis fueron derrotados al derrumbarse su hegemonía unipolar, pero fueron asimismo rápidos de reflejos y supieron hallar una salida negociada, la que evitó una III Guerra Mundial. Llegan al nuevo reparto reubicados en el para nada despreciable lugar de potencia regional americana, el mismo que ocuparon antes de las dos grandes guerras del siglo pasado.

Rusia, por su parte, llega como una superpotencia en lo militar que pudo recuperar su grandeza después de la disolución de la Unión Soviética gracias a la inteligencia y a la capacidad estratégica de su conductor. El triunfo de Putin es rutilante y es el asunto central de esta edición de nuestra Revista Hegemonía. Putin y Rusia son los grandes ganadores del momento y van a transitar un siglo dorado, en consecuencia.

El tercer socio en la mesa de decisiones para que el orden sea multipolar y no bipolar es China, superpotencia que no estuvo ni suele estar implicada en conflictos bélicos pues se dedica a hacer negocios. Y los hace magistralmente desde siempre, a punto tal que está en condiciones de desafiar a los Estados Unidos en el plano de la economía. Esa es la fuerza de China y es el criterio por el que los chinos no pueden no ser invitados a las conferencias de la posguerra.


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