Maquiavelo vive, señor presidente

Logrando con creces el objetivo de seguir haciendo de la política un circo con el fin de desviar la atención de las consecuencias nefastas de su gestión, Javier Milei abrió las sesiones del Poder Legislativo con una catarata de insultos y descalificaciones a los dirigentes de la oposición, quienes se prestaron al espectáculo quedándose en sus bancas a recibir todo lo que caía del púlpito. Aunque anuncie con la boca la muerte de Maquiavelo, en cada uno de sus actos Milei demuestra con el cuerpo ser el dirigente político más maquiavélico quizá desde Carlos Menem.
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La última apertura de sesiones trascendió por las respuestas agresivas que les dispensó el presidente a los opositores. Para ser justos, presumimos que Milei respondió con su violencia característica a un clima también agresivo. Todos esperamos cierta templanza en un presidente, pero también la esperamos de los legisladores. Si el presidente aprovechó su micrófono para fustigar sin que se oyeran las respuestas, también hay que decir que no pocos legisladores utilizaron la escena para hacer sus performances como buenos militantes de redes.

Dicho esto, como suele ocurrir en la Argentina, el énfasis estuvo puesto en las (malas) formas y no en el contenido del discurso que fue en la misma línea de su intervención en enero último en Davos, al menos en el espíritu ya que el registro y las audiencias son distintas.

Asimismo, si nos enfocamos en la estructura del discurso como un profesor que evalúa los primeros pasos de un alumno, habría que decir que ambos, el de Davos y el de apertura de las sesiones, adolecieron del mismo defecto. La idea principal es enunciada al inicio y luego se pierde en disquisiciones y en un desfile algo infantil de citas sueltas de muchos autores, como suelen hacer los universitarios que recién comienzan y pretenden simular lecturas que no tienen.

El de Davos fue un gran comienzo, muy estimulante, aunque como necrológica, algo extemporánea: “Maquiavelo ha muerto”. Asimismo, en el del 1 de marzo, en los primeros minutos de su alocución, el presidente hace una afirmación potente y decreta “la moral como política de Estado”. Dado que, repito, ambos discursos estuvieron mal estructurados y lamentablemente no se retomaron al final estas ideas, nos aventuramos a deducir su significado y a arriesgar que hay una continuidad entre ellos.

Suponemos que cuando el presidente afirma que Maquiavelo ha muerto quiere decir que ha llegado el momento de volver a asociar la moral con la política.


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