Con preocupación e indignación, los nacionalistas escuchamos las declaraciones de la jefa del Comando Sur estadounidense en una conversación con el think tank Atlantic Council. En dicha entrevista, Laura Richardson se pregunta por qué es tan importante el continente americano desde el punto de vista de los Estados Unidos y lo que se sigue al cuestionamiento que se hace la comandante del brazo armado de Washington para nuestra región es un verdadero insulto —una amenaza no disimulada, una amenaza directa y abierta— contra la soberanía de nuestras naciones independientes desde el Río Bravo hasta la Patagonia.
Para justificar la importancia económica, política y estratégica en un sentido geopolítico de los países de América Central, América del Sur y el Caribe, Richardson hace una minuciosa enumeración de las riquezas existentes en el vasto territorio americano, además de señalar el establecimiento de relaciones entre Venezuela, Cuba y Nicaragua con Rusia, nación a la que define como el “adversario número dos” de los Estados Unidos en el mundo. Sin perder de vista que el verdadero enemigo de los intereses estadounidenses a nivel global hoy es China, la jefa del Comando Sur les asigna a los rusos un lugar de mucha importancia en el tablero de la geopolítica definiendo como peligrosas para Washington su presencia puntual en algunos países americanos.
En primer lugar, eso tiene la importancia de una confesión de parte al poner en evidencia que los Estados Unidos son conscientes en su discurso del nuevo ordenamiento global de tipo multipolar que ya nació y está a punto de hacerse visible para todos. Cuando una representante suya señala a Rusia como el “adversario número dos”, al saberse que desde el inicio de la guerra comercial en la década pasada China está desafiando la hegemonía unipolar estadounidense y, por lo tanto, sería el “adversario número uno” al que aquí no se alude, a través de la voz muy autorizada de un jefe militar los Estados Unidos reconocen la existencia de al menos tres polos de poder político mundial. Eso no es poca cosa.
Por lo tanto, la política mundial ahora es multipolar, tiene al menos tres polos de poder en Rusia, en China y, por supuesto, en los Estados Unidos. Esa es una situación de enfrentamiento por el control territorial de las riquezas en todas partes, es una guerra en curso entre los polos por determinar quién va a tener el control y el poder real en cada rincón del planeta. Desde el punto de vista de las potencias, los territorios son sus recursos y a la vez son sus mercados, razón por la que una potencia lo es mientras controle una cantidad suficiente de territorios para el sostenimiento de dicho estatus. En el marco de esa dinámica es que se dan estas declaraciones, no hay en ese discurso una palabra de más ni una de menos. La jefa del Comando Sur envió un mensaje claro y contundente.

Ese mensaje fue el anuncio de la nueva estrategia geopolítica de los Estados Unidos en el escenario de multipolaridad. Viéndose desafiado en África por Beijing y en Europa por Moscú, Washington responde a la altura anunciando que en América vendrá degollando y no tolerará ninguna presencia de sus enemigos número uno y número dos en este continente. Ahí hay una actitud estratégica y territorial muy clara. Eso es grave, un problema para todos los pueblos que pretendemos ejercer la soberanía con dignidad en nuestra tierra.
De ahí la insultante reivindicación de las riquezas del territorio de nuestros países como si les fueran propios. Con desparpajo, la jefa militar hizo una minuciosa enumeración de los recursos del continente americano al sur de sus fronteras poniendo indebidamente esos recursos en el presupuesto de los Estados Unidos para enviarles el ultimátum a sus enemigos rusos y chinos en la geopolítica.
“Con todos sus ricos recursos y elementos de tierras raras, está el triángulo de litio, que hoy por hoy es necesario para la tecnología. El 60% del litio a nivel mundial está en el triángulo de litio entre Argentina, Bolivia, Chile”, empezaba con su enumeración ya señalando a tres de los países de los que pretende nutrirse. Como se sabe, el litio es esencial para la fabricación de baterías de gran capacidad de las que, a su vez, depende la tercera revolución industrial en materia de motores. China quiere reemplazar el motor a combustión interna por el motor eléctrico en la producción automotriz y en eso no va a tener éxito si no tiene acceso a las ingentes reservas de litio existentes en estas latitudes. Sin las baterías el motor eléctrico no es viable.
En una palabra, Laura Richardson está diciendo que Argentina, Bolivia y Chile no podrán comercializar libremente su litio con quienes lo quieren comprar. Los Estados Unidos asumen el control de ese recurso, lo ponen bajo su propiedad y avisan que las negociaciones deben necesariamente darse en Washington. Es una marcada injerencia en el manejo de los recursos soberanos que a los Estados Unidos les son ajenos.

La enumeración de las riquezas ajenas sigue con el petróleo de Venezuela, que son las mayores reservas a nivel mundial, pero además incluye los recientemente descubiertos yacimientos de crudo en las costas de Guyana. Aquí el problema involucra a Rusia, uno de los mayores exportadores de petróleo a nivel mundial y un país cuya economía depende fundamentalmente de esas exportaciones. Para castigar y poner en caja a ese oponente, los Estados Unidos pretenden poner un pie sobre las reservas de petróleo de Venezuela y Guyana, dos países independientes de nuestra América, seguramente con el fin de controlar la producción y regular los precios a nivel mundial según su propia conveniencia en cada coyuntura.
El control de las mayores reservas de petróleo existentes en el mundo determinará la economía global, puesto que en general la matriz energética de la industria actualmente es dependiente de ese recurso estratégico, pero además puede ser determinante en el ordenamiento geopolítico como un todo. Los Estados Unidos podrían pisar y demorar indefinidamente el advenimiento de la multipolaridad mediante la extorsión económica contra sus competidores, o la vieja fórmula de las sanciones contra quienes se sublevan. Controlando el petróleo de Venezuela y de Guyana, Washington puede decidir quién accede a dicho recurso y frenar en seco el desarrollo de los insubordinados que se nieguen a ser funcionales a sus intereses.
Laura Richardson tampoco se olvida del cobre y del oro, abundantes en Chile, Perú y Venezuela, entre otros. Y también destaca la importancia del Amazonas —Brasil, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia— calificando esa región como “el pulmón del mundo”. El Amazonas es mucho más que eso, es la reserva por antonomasia de diversidad biológica en flora y en fauna, es una “farmacia” universal de donde las grandes corporaciones farmacéuticas extraen los insumos para la fabricación de los medicamentos que ubican a dicha industria en lo más alto de la economía mundial. El viejo proyecto estadounidense de “internacionalización” del Amazonas vuelve a aparecer aquí con la finalidad de siempre, la de quitarles a los países soberanos el control sobre ese territorio.

También en ese sentido, la jefa del Comando Sur hace alusión al agua dulce, la que en nuestro continente es abundante como en ninguna otra parte. “Tenemos el 31% del agua dulce del mundo en esta región”, dice Richardson, puntualizando verbalmente en la primera persona para dejar bien en claro que los Estados Unidos tienen el control sobre esa importantísima fuente de recursos esenciales para la vida en el planeta. Es casi un tercio de toda el agua del mundo que se encuentra en el Amazonas y en el Acuífero Guaraní entre los territorios soberanos de Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay. La soberanía de estos países, como se ve, no es un tema relevante para el Comando Sur.
Después de hacer esa minuciosa exposición de lo que los Estados Unidos consideran propio, Richardson da la puntada final sintetizando todo el plan: “Todo eso tiene mucho que ver con la seguridad nacional y tenemos que empezar nuestro juego”, significando de manera inequívoca, por una parte, que la mentada “seguridad nacional” de los Estados Unidos depende de los recursos de terceros países independientes y soberanos, una afrenta sin escrúpulos. Y luego, por otra parte, cuando habla de “tenemos que empezar nuestro juego”, hace una declaración también sin ambigüedades de que el “juego” de Washington es la apropiación indebida de esos recursos para tenerlos, explotarlos libremente, comercializarlos y hasta negárselos a quienes los Estados Unidos consideren “antipáticos” a su causa imperial, la que llaman “seguridad nacional” con una buena dosis del cinismo que subyace a la idea del “destino manifiesto” estadounidense.
El insulto y la amenaza a la soberanía nacional de los pueblos-nación americanos han sido lanzados por el número uno del poder militar estadounidense orientado a nuestra parte del mundo, nos han señalado como el objetivo a lograr y conquistarse. Y por eso es de suma importancia que la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), actualmente reunida en Buenos Aires, se expida de modo tajante contra el atropello en una declaración sin medias tintas. Es fundamental hacer ahora, en conjunto, una fuerte declaración de repudio a la injerencia de la jefa del Comando Sur en cuestiones que hacen a los intereses estratégicos de los países de nuestra región, no sería conveniente dejar sin respuesta una provocación de semejante calibre.

Es importante resaltar que estas declaraciones tienen un correlato en la política real que se despliega frente a nuestros ojos ahora mismo en el continente. La inestabilidad provocada en Brasil, el golpe de Estado con su correspondiente represión que ahora baña en sangre las calles de Perú y los movimientos golpistas en Bolivia son parte de la estrategia de dominación estadounidense sobre los países de nuestra región con la finalidad de controlar los recursos naturales del territorio.
Es indudable que nada de esto sería posible sin la colaboración incondicional de los partidos y dirigentes que en nuestra política representan intereses foráneos en vez de defender el patrimonio colectivo de la patria.
La defensa de la soberanía sobre las riquezas que deben aplicarse en el bienestar de nuestros pueblos es aquí y es ahora. Este es un momento histórico clave, el punto de inflexión en el que debemos construir gobiernos que impriman fuertes nacionalismos y nos hagan respetar en el mundo como iguales. Sin eso seremos otra vez, como casi siempre en nuestra historia, una fuente de recursos y riquezas que no servirán para satisfacer las necesidades de nuestros compatriotas, sino para nutrir a las potencias mundiales en su afán por dominar el planeta.
Aquí en estas latitudes debemos ser más argentinos que nunca, debemos unirnos a nuestros hermanos de la región para aprovechar la coyuntura haciendo alianzas que nos permitan desarrollarnos plenamente en provecho propio. Debemos tener la independencia económica y la soberanía política para negociar libremente con quienes quieran comerciar en términos justos de intercambio, sin imposiciones ni saqueos atroces. Lo que necesitamos es lograr al fin un desarrollo verdadero con dignidad, soberanía y sustentabilidad, que es lo que les corresponde a los pueblos libres del mundo. Seamos libres, como decía nuestro libertador el General San Martín, que lo demás no importa nada.
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