Esto es todo, amigos

Sin logros de gestión para presentarle a la sociedad y todavía no hallando el camino de la retomada de la iniciativa política para transformar la realidad y ganar las elecciones, el frentetodismo reconvertido en Unión por la Patria apuesta a la campaña del miedo para disuadir al elector que piensa dar ese salto al vacío que supone votar a Javier Milei. Al miedo y las caracterizaciones anacrónicas del “libertario” con figuras del nazismo y del fascismo europeo que no existen ni jamás existieron en nuestra política de cabotaje.
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Sergio Massa es el candidato que nunca fue presidente, pero que va por su reelección. Es que gobierna de hecho hace más de un año ante la ausencia del presidente formal y la vice. Por cierto, esta última todavía no ha hablado públicamente acerca del resultado de las elecciones. Los trascendidos periodísticos dicen que ha tenido reuniones con Massa, pero los argentinos no saben qué piensa de lo recién ocurrido ni qué tipo de apoyo dará al candidato si es que piensa dar alguno, claro está.

En cuanto al presidente, de manera poco feliz aclaró que no hablaba porque no es candidato, aunque a partir de ahí comenzó a hablar y allí recordamos que era mejor que no lo hiciera. Con todo, tuvo actividades protocolares, alguna inauguración menor y el anuncio sorpresivo del importantísimo ingreso a los BRICS. Sí, ni siquiera a una noticia de semejante trascendencia puede sacarle jugo el gobierno. Pese a ello, al menos sirve para demostrar que los dos principales candidatos opositores creen que todavía existe el muro de Berlín y que China y Rusia son comunistas.

Efectivamente, en una muestra de sobreideologización, pero sobre todo de una enorme ignorancia, tanto Patricia Bullrich como Javier Milei han indicado que no negociarán con los “comunistas” que son nuestros principales aliados comerciales. Liberales en contra del libre comercio. Un nuevo capítulo de los liberales más locos (y más ignorantes) del mundo.

Con “cara de feliz cumpleaños” Alberto Fernández anunció el trascendental ingreso de la Argentina al BRICS, bloque geopolítico de tipo “sur-sur” que puede modificar profundamente el modo en el que nuestro país se inserta en el “concierto de las naciones”. Pero el gobierno de Fernández está tan quebrado y en retirada que ni semejante bomba puede servirle en términos políticos.

Mientras tanto, por capacidad o por casualidad, lo cierto es que desde el 13 de agosto Milei ha logrado manejar a piacere la agenda mediática con todo un arco de acciones que van desde convidar una suerte de superembajada a Mauricio Macri hasta ponerse de novio con una humorista famosa. Todo el día están hablando de él y eso lo favorece, aun cuando se hable mal, algo que no entendió La Nación+, principal creador del monstruo que ahora se le escapa de las manos.

Con todo, para el 22 de octubre falta una eternidad y llegarán los ataques contra Milei a quien, hasta ahora, como se diría en la jerga, “no le entra ninguna bala”, especialmente si los ataques provienen de estupideces tales como la relación con su hermana o con sus perros.

Por su parte, Bullrich tiene que fidelizar los votos de Rodríguez Larreta, algo que a priori no resultaría tan fácil tras una interna feroz que ha dejado muchos heridos y sobre todo porque la candidata ha quedado, para decirlo en la terminología cambiemita, “desperfilada” políticamente. No tiene cómo cazar votos por derecha y no sabe cómo ir hacia el centro porque, como el escorpión, la radicalidad es su naturaleza y la sutileza no es su mayor virtud. En todo caso, si aparece en el centro es solo porque el escenario político, esto es, Milei, la hizo “caer ahí” como quien cae en la escuela pública.

En cuanto al gobierno, hay como 6 millones de personas que en 2019 votaron al Frente de todos y hoy se volcaron hacia otras opciones o directamente no han ido a votar. Entonces hay que ir a buscarlos, pero el problema es que no tiene cómo hacerlo pues no hay mucho para mostrar. De todo ese universo de votos, entonces, parecen recuperables solo los “aparateables” y algún porcentaje de atemorizados con Milei. Con todo, lo que se sabe es que en algunas provincias no se hizo todo lo que se podía hacer para ganar votos.

Patricia Bullrich y la difícil misión de lograr la transferencia de los votos de Horacio Rodríguez Larreta, su rival en una interna sangrienta que dejó una buena cantidad de heridos por el camino. Pese a ese tendal, Bullrich tendrá que lograr esa transferencia porque su perfil de dirigente político no sirve para correrse al centro del arco. Bullrich está en una posición crítica de quedarse virtualmente, como se suele decir, sin el pan y sin la torta.

Por ejemplo, Salta. Por ejemplo, Tucumán. Incluso en varios municipios del conurbano hubo demasiado corte de boleta contra Massa y es de esperar que se pueda levantar algo para llegar al número mágico de 33% que garantice el balotaje. Todo esto, claro está, bajo el supuesto de que los votos de Grabois van todos a Massa. Pero, ¿están todos seguros de eso? Interpreto que el triunfo de Milei habrá asustado a unos cuantos paladares negros, pero no subestimemos la naturaleza del troskokirchnerismo que prefiere resistir con aguante y levantar el dedito para decir “yo no lo voté”.

Por cierto, tiene razón Massa en estar enojado con gobernadores y con intendentes tras ver que dos tercios de los distritos se tiñeron de violeta y que en algunos municipios Milei le robó demasiados votos a la boleta del candidato a presidente. Pero no olvidemos que esta es la consecuencia del desdoblamiento de las elecciones. En este sentido, si bien es un contrafáctico, no hay ninguna duda: la performance de Massa hubiera mejorado sustancialmente si las elecciones presidenciales se hacían simultáneamente con las de gobernador. ¿Por qué no sucedió eso? Porque los gobernadores vieron en el gobierno nacional lo mismo que ve la gente: desgobierno, peleas intestinas, parálisis, actitudes adolescentes.

En este sentido, ¿cómo Milei no va a ir contra algunos ministerios si todos sabemos que la gran mayoría de ellos han estado paralizados y malgastando dinero por falta de eficiencia o por llevar adelante políticas públicas que dan vergüenza a toda la sociedad salvo a los tecnócratas sociales que las idean? ¿Cómo no va a decir que quiere cerrar el CONICET si este gobierno, que ha demostrado enorme incapacidad en prácticamente todas las áreas, osó autodefinirse como un “gobierno de científicos”?

Como en el caso de su posicionamiento internacional, las declaraciones de Milei demuestran, repitámoslo, sobre todo ignorancia, pero este gobierno le ha abierto todas las puertas para que el libertario crea poder confirmar sus prejuicios antiestatistas de manual.

El llamado corte de boleta en algunos distritos fue brutal en perjuicio de la candidatura presidencial de Sergio Massa. En algunos casos, como el de Tigre, más allá de la pérdida de votos que favorecieron a los jefes territoriales —intendentes y gobernadores— sin beneficiar a Massa, también estuvo la catástrofe de la derrota de Malena Galmarini en el pago chico a manos de Julio Zamora, ahora declarado enemigo del massismo. Massa debe ajustar las clavijas en el territorio si quiere tener una performance un poco mejor de cara a octubre y noviembre, de haber un noviembre.

Para finalizar, digamos que la campaña para las generales todavía no ha empezado y los candidatos recién van perfilando sus nuevas estrategias. A priori parece conveniente, tanto para Milei como para Massa, dejar afuera a Bullrich de la conversación y “levantarse” mutuamente ya que Milei solo podría ganar un balotaje frente a Massa y viceversa. Sin embargo, una buena fiscalización y una migración del voto útil antiperonista de Bullrich a Milei podría ponerlo en un número cercano al 40%, mínimo para intentar ganar en primera vuelta.

La receta para detener este envión de Milei no la tenemos aquí, pero podríamos expresar ciertos reparos respecto a una campaña basada en el miedo y en la idea de que “se viene el fascismo”, más allá de que en España fue eficaz para lograr que el PP y Vox no obtuvieran la mayoría suficiente para formar gobierno. Es que slogans tales como “democracia o fascismo” serán respondidos con slogans igualmente eficaces como “libertad o casta política” y me temo que, al momento de elegir, en un clima de asfixia económica y cultural, la gran mayoría va a elegir la libertad. Mientras tanto, quedará para otra columna preguntarse a qué le teme el progresismo para haber entregado la bandera del mérito y la libertad a la derecha.

Volviendo a la cuestión, llamemos, táctica, en todo caso sabemos lo que no hay que hacer. No hay que menospreciar al votante ni tratarlo como un idiota pues, como decíamos en otra parte la semana pasada, los otros candidatos bien pueden ser vistos como verdugos también, una porque ya ha demostrado lo que ha sido su gobierno y su área, y el otro porque es el actual ministro de Economía de un gobierno que no ha hecho una buena gestión económica.

La estrategia de asociar al enemigo ideológico con el nazifascismo europeo nunca le dio buenos resultados al kirchnerismo: cada vez que se intentó comparar a Macri con Hitler el mal llamado “macrismo” ganó las elecciones, por la sencilla razón de que el pueblo no está interesado en extrapolaciones ideológicas como esta ni ve a ningún nazi en la política argentina. Si sigue por el camino de llamar “fascista” a Milei, el kirchnerismo corrido hacia un progresismo de izquierda —que además es metódicamente gorila, puesto que a Perón lo asociaron con el nazifascismo para intentar derrotarlo— va a perder indefectiblemente.

Asimismo, parte de este menosprecio es la necesidad de salir a explicarle al ciudadano lo equivocado que está su voto. También lo decíamos una semana atrás: explicar menos y escuchar más. Comprender que Milei tiene alcance popular porque conecta con una fibra íntima de un montón de gente que está harta de los explicadores y de quienes manejan un Estado que no les resuelve los problemas básicos cotidianos. Si en vez de hablar del abstracto fascismo o promover falsas divisorias en la sociedad, se hiciera hincapié en cómo las propuestas de Milei podrían afectar el día a día de la persona de a pie, los resultados quizás sean distintos.

¿Qué va a pasar con los precios? ¿Qué va a pasar con tu salario? ¿Qué va a pasar con tu alquiler? ¿Qué va a pasar con la vacante de tu pibe? ¿Qué va a pasar con el hospital o con la prepaga? Datos simples. No “el fascismo”. El alquiler. La guita a fin de mes. El problema es que si sos parte del gobierno, tenés un déficit en cada una de las áreas mencionadas y sobre todo, no tenés una puta propuesta para el día de mañana que no sea “el año que viene va a haber dólares porque no podemos tener la mala suerte de que nos caiga otra guerra, otra sequía u otra pandemia”.

Quizás sea por eso que no queda otra más que el miedo. En todo caso, quizás una mezcla de todo con algún retoque mínimo de ficción y mentira de proyecto para el día de mañana puede ayudar. Salir del “podés estar peor” para avanzar en el eventual engaño piadoso del “vas a estar mejor”. Aunque sea mentira. Y después a cruzar los dedos. Aceptar que es lo que hay y que las cartas están echadas; aceptar que no hay nada más que hacer y que esto es todo, amigos.


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