Desde que dejó de ser presidente de la Nación en diciembre de 2015, Cristina Fernández tomó en la política argentina un lugar extraño que podría estar entre el de una figura consular —tan típica de los expresidentes en otros países del mundo— y el de “monje negro”, esto es, del personaje que desde una posición de invisibilidad influye en las decisiones de los dirigentes que sí dan la cara frente a la opinión pública. En los últimos ocho años, CFK ha alternado periodos de larga ausencia con apariciones puntuales, normalmente por razones de campaña electoral. Y así se ha convertido en una figura más bien misteriosa.
Esos largos periodos de ausencia pusieron a la militancia kirchnerista en un miserable estado de abandono que normalmente se tradujo en dispersión, confusión e incluso anarquía. Acostumbrada a la conducción presente en los años de gobierno entre 2007 y 2015, la tropa kirchnerista nunca tuvo que pensar mucho antes de actuar: bastaba con escuchar alguno de los discursos que se daban a diario tanto por cadenas nacionales como por motivos de inauguración de obras o lanzamiento de nuevas políticas de Estado. Los “patios militantes” fueron esa orientación por antonomasia: después de cada cadena nacional de radio y televisión, CFK hablaba en el patio de la Casa Rosada y orientaba la tropa para la lucha.
Pero un día eso se acabó y CFK pasó de una presencia intensa a muy escuetas comunicaciones por las redes sociales y alguna que otra intervención a viva voz, muy poco de verdad para una militancia dependiente de su palabra y su instrucción. Y entonces los kirchneristas se dejaron conducir por esos predicadores televisivos que se hacen llamar “periodistas” y que desde los “medios amigos” bajaron línea en ausencia de CFK. El resultado fue una espantosa praxis política en la que la militancia kirchnerista debió aferrarse a prácticamente cualquier causa ajena u ocasional para tener algo que militar y sostener la actividad.
Las razones por las que CFK se ha ausentado después de diciembre de 2015 son las que se expusieron abundantemente en las páginas de esta Revista Hegemonía al hablar del pacto hegemónico y la extorsión judicial que pesó y sigue pesando sobre ella y sobre su hija Florencia, lo que aquí tiene poca importancia relativa. Lo fundamental es que CFK no estuvo en los últimos ocho años más que durante los pocos meses de campaña electoral y no mucho más que eso.
Y al ausentarse tanto, CFK también se ha vuelto un personaje “innombrable” de nuestra política, pero no a la manera del innombrable original que fue el también expresidente Carlos Menem. El motivo por el que se ha vuelto tan difícil hablar de CFK es la total falta de información para sustentar lo que se dice, esto es, el hecho de que nadie sabía en qué andaba ella convertía todo y cualquier enunciado sobre su persona y sus intenciones en una teoría de la conspiración. Y a menos que se tenga mucha pasión por la especulación, la verdad es que muy poco puede decirse a ciencia cierta sobre CFK hoy.
Eso ha sido así en los últimos ocho años y en todo el periodo el hablar de CFK fue prácticamente imposible sin especular. Y por eso, por no tener ni la información más básica como para elaborar una hipótesis corroborable, es que la figura de CFK ha sido muy poco tratada en estas páginas. Decir lo que no tiene sustento en la realidad no tiene objeto y entonces lo mejor es callar.
Pero el tiempo se ha agotado y un nuevo ciclo político real está a punto de empezar con el ascenso de una nueva generación de dirigentes —entre los que están Sergio Massa y Javier Milei— que llega dispuesta a plasmar el cambio de época con el poder político en el Estado. No como Alberto Fernández, quien “hizo la plancha” mientras el frentetodismo resolvía sus internas, nada de eso. Ha llegado el momento de tomar decisiones en serio y es preciso saber dónde va a ubicarse CFK efectivamente de aquí en más.
El caso es tratar de comprender si en efecto la dos veces presidente y actual vicepresidente de la Nación está jubilada como dice por lo bajo el massismo o si, por el contrario, CFK está tejiendo una paciente trama para volver a conducir un proceso político en el corto plazo teniendo en cuenta que ya va a cumplir sus 71 años y por eso no tiene biológicamente mucho tiempo para pensar en estrategias a mediano y a largo plazo. Si CFK no está jubilada y quiere volver a tener en sus manos el poder político para transformar la realidad las consecuencias de eso tendrían que verse ya.
Y si no se ven, es porque va a corroborarse la primera hipótesis, la de que CFK está realmente retirada de la política y lo único que hace es preparar un “aterrizaje suave”, una salida honrosa y segura que le garantice el cese de la persecución judicial en su contra y en contra de su familia. ¿Podría ser Sergio Massa el garante de ese pase seguro a retiro? ¿Explicaría eso el hecho de que Massa es hoy el candidato del frentetodismo? ¿O, por el contrario, Massa es un golpista que se ha impuesto por la fuerza y CFK está intentando frenarlo?
Las respuestas a todos esos interrogantes dependen de que en primer lugar se sepa dónde está CFK en un sentido político. Y al intento de descifrar este enigma se dedica la presente edición de nuestra Revista Hegemonía, la 68ª. en una larga serie de ejercicios intelectuales con el objetivo de desentrañar la verdad en el reverso de la trama, pero siempre con argumentación. Estamos seguros de que ese ejercicio es de enorme utilidad para el atento lector y en esta edición no será distinto.
Mustafá Ibrahim
Revista Hegemonía
La Batalla Cultural
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