Horas decisivas

Mientras el mundo sigue con atención los hechos que involucran a Irán y a Israel en el genocidio que este último lleva a cabo en Palestina, en los centros de poder mundial los jugadores hacen sus cálculos y mueven sus fichas sobre el tablero. Estas son horas decisivas en la que puede destrabarse el conflicto iniciado al finalizar la II Guerra Mundial con la caída del sistema que ese cierre impuso sobre el mundo. Washington, Moscú y Beijing sostienen un muy delicado equilibrio en un mundo que arde a raíz del juego que juegan esas potencias. ¿Quién saldrá triunfante de esta intrincada partida de ajedrez entre gigantes?
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Como en un muy complejo tablero de ajedrez donde todas las fichas de los contrincantes parecerían en un momento dado estar cubiertas las unas por las otras y solo una sofisticada ingeniería podría destrabar el juego. Este es el estado actual de las potencias en la geopolítica, es una situación complicada en la que los jugadores mueven cautelosamente sus piezas tratando de inducir al error a su enemigo. Un solo caballo o incluso un simple peón que se mueva y en ese movimiento descubra una posición estratégica va a desencadenar la serie de eventos brutales que ciertamente resolverá en favor de uno u otro bando en pugna la contienda global. Los jugadores saben que eso es así y en consecuencia caminan extremando cuidados, evitando una declaración o una movida que resulte finalmente en ese error fatal.

La metáfora del juego de ajedrez aquí, hoy y siempre, por cierto, viene como anillo al dedo para describir la situación. El ajedrez en sí mismo es la representación lúdica de la guerra sobre un tablero con sus reyes, reinas, alfiles, torres, caballos y peones que simbolizan desde épocas inmemoriales los distintos poderes del Estado. Si el atento lector quiere, puede hacer toda una caracterización de los personajes de la política y de la geopolítica en cualquier tiempo y lugar como fichas de ajedrez. Y verá que en ese ejercicio le será fácil identificar con nombre y apellido desde el rey hasta el último peón.

La vida real, no obstante, no es ningún juego. No lo es porque en el error o en la estrategia mal ejecutada está la diferencia entre la vida y la muerte para millones y hasta miles de millones, en estos días de proliferación de las armas nucleares, de seres humanos. Y puede estar la destrucción de países o el advenimiento de un orden global aún más nefasto que el actual. Lo que se juega en tablero de la geopolítica es el propio destino de la humanidad y los dirigentes jugadores lo saben, razón por la que se mueven con pie de plomo presintiendo que la derrota puede estar al acecho. Bien mirada la cosa, en realidad, precisamente por la existencia de las armas nucleares un error de cálculo en un arrebato pasional puede resultar en el fin del mundo.

O al menos del mundo tal como lo entendemos, por supuesto. La política internacional es así de dramática, aunque desde luego los medios la pintan con una carga extra de dramatismo elevando ciertos hechos a la categoría exclusiva de punto de inflexión, o lo que los anglófonos llaman game changers, cuando en realidad no lo son. Al momento de lanzar esta 74ª. edición de nuestra Revista Hegemonía los hechos que involucran a Irán y a Israel en el conflicto de Oriente Medio —que es una de las guerras proxy en el marco de la III Guerra Mundial en curso— fueron presentados como un punto de inflexión y no faltaron los comentaristas de la realidad dispuestos a anunciar el triunfo definitivo de los unos y la derrota de los otros, siempre según la inclinación ideológica del que hablaba.

Pero no, no hay un “game changer” entre Irán e Israel porque Irán e Israel no son reyes, no son reinas y tampoco son torres ni alfiles siquiera. Pueden ser peones o quizá caballos en el tablero, eso depende de la forma en la que se analice el rol de cada uno, pero lo cierto es que ambos juegan un rol más bien secundario en la estrategia de otros. Lo que en realidad pasa hoy en Oriente Medio es que los grandes jugadores intentan inducirse mutuamente al error, se provocan entre ellos a ver si el otro comete ese error decisivo.

De un modo concreto, el bando oriental que parecería estar liderado por Moscú y Beijing está en plan de abrirle a Occidente nuevos frentes de lucha en los que la hegemonía unipolar occidental se vea obligada a intervenir y corra el riesgo de quedar enterrada. Israel es uno de esos frentes porque es asimismo el aliado más importante de Occidente no solo en su región, sino en el mundo. Cuando Irán ataca a Israel, por lo tanto, lo esperable es que los Estados Unidos salten y al hacerlo pueden equivocarse orientando sus recursos económicos y militares en la dirección equivocada y dejando una posición descubierta para que por allí se meta el enemigo.

Al momento de escribir estas líneas ese error aún no había sido cometido por el gobierno estadounidense. Joe Biden parece haber comprendido la maniobra del enemigo y optó al efecto por no hacer aquello que los Estados Unidos en otro tiempo solían hacer en casos como este: entrar a resolver la cuestión a los tiros. Biden no solo no lo hizo, sino que enfiló por la senda de la diplomacia ponderando incluso cierta justicia en la postura iraní.

La alternativa sería la conclusión de que a Occidente ya no le da el músculo para resolver el problema y eso sería el síntoma inequívoco de la quiebra de su hegemonía. Por primera vez los yanquis, al ser provocados, no pueden hacer más que declaraciones de condena y repudio. Si esto fuera así, del otro lado del tablero Beijing y Moscú habrían tenido la confirmación de que el rey está desnudo y de que el orden mundial unipolar ha terminado.

Beijing es Xi Jinping y Moscú es Vladimir Putin, rey y reina del tablero por el lado de Oriente —que juega con negras— en el orden que más que le guste al atento lector. Putin ya anunció que se termina el baile de los vampiros que se alimentan de sangre humana, haciendo una clara alusión al orden mundial resultante del cierre de la II Guerra Mundial desde 1945 en adelante, ha puesto en palabras muy significativas lo que está ocurriendo en el mundo. Y el análisis de esas palabras y esos hechos es el insumo de esta nueva edición de nuestra Revista Hegemonía en la búsqueda permanente de una verdad que no se deja develar fácilmente. Y aquí esperamos que el resultado sea de utilidad para el lector con ganas de saber un poco más de qué se trata.


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