La guerra es aquí

En medio a la guerra sin cuartel contra la desinformación de los medios dominantes y a la guerra no metafórica en Ucrania, aparece la 49ª. edición de Hegemonía, que es de aniversario. En cuatro años han sido aquí intensos el combate contra la desinformación y el esfuerzo por generalizar la comprensión sobre lo que hay en el reverso de la trama. Hoy más que nunca ese esfuerzo es necesario frente a una nueva narrativa falsificada: la que pretende desviar la atención sobre los reales motivos de la guerra de Rusia en Ucrania.
202203 0

Con estabilidad y constancia, la Revista Hegemonía llega en la presente edición a su cuarto aniversario, en medio a un escenario de guerra global y anuncio de cambio en el ordenamiento del mundo. Han sido cuatro años de luchar con fuerza modesta contra el poder descomunal de la voz única con la que los medios dominantes de las corporaciones forman la opinión pública en todo el planeta. Y así, hoy más que nunca, esa lucha es desigual mientras el poder intenta instalar una nueva narrativa falsificada: la de que la guerra en Oriente es un conflicto cuyo origen está en la locura de un solo individuo o en la codicia de quienes hacen la guerra más bien para defenderse.

Está claro que toda guerra es una realidad de espanto y el mundo estaría mucho mejor sin guerras, los de abajo somos naturalmente pacifistas en el sentido que no queremos la guerra. Por lo tanto, nadie puede estar contento con la operación militar de Rusia en Ucrania, nadie podría celebrar que allí caigan misiles y por allí marchen tropas, haya combates en las calles y en los campos, que haya lucha. Pero una cosa es desear la paz y otra muy distinta es confundirse y creer que la guerra la hacen los que disparan el primer tiro. En la narrativa falsificada de los medios de difusión en Occidente y aquí en las colonias, se presenta la guerra en Ucrania como un conflicto iniciado por Rusia y esa simplemente no es la verdad.

Rusia disparó el primer tiro a fines de febrero de este año al iniciar su operación especial en Ucrania, pero dicha operación no es un accidente ni resulta del capricho de quienes la ordenaron. La acción bélica de Rusia en Ucrania se enmarca en un contexto de guerra prolongada que tiene su origen inmediato en los eventos de Plaza Maidán, que tuvieron lugar entre 2013 y 2014 y dieron como resultado un gobierno títere de las potencias occidentales profundamente hostil para los rusos. Así empezó el acoso a la minoría rusa que en Ucrania habita la región del Donbass hacia el oriente del país, cerca de la frontera con Rusia.

Pero el origen real de la actual guerra está en cómo se resolvió en 1945 otro conflicto bélico de escala global: la II Guerra Mundial. Como los orígenes de esta pueden rastrearse hasta la I Guerra Mundial y el hecho de que quedó mal resuelta en 1918, el origen de la actual guerra en Ucrania está en que el ordenamiento resultante de la II Guerra Mundial se estableció con una hegemonía de Occidente sobre todos los demás. Mientras la Unión Soviética existió como un paraguas para quienes querían cuestionar esa hegemonía, la guerra fue fría. Pero la URSS ya no existe y ahora Oriente debe movilizar tropas para que ese cuestionamiento sea efectivo.

Eso es lo que pasa hoy en Ucrania, es que un bloque de países orientales y subalternos se está rebelando contra el orden mundial unipolar que tiene a los Estados Unidos a la cabeza. Mientras los medios hacen el relato de la locura, de la codicia o de la frivolidad y aun de una improvisación por parte de Vladimir Putin, el mundo está cambiando de base. Se está estableciendo un nuevo orden mundial multipolar para lo que queda de este siglo XXI.

He ahí la lucha desigual que damos desde este modesto espacio, la de generalizar la comprensión de que en el relato del “estamos ganando” de los medios dominantes hay un peligro enorme: el de que los pueblos no entendamos la tendencia política y volvamos a quedar rezagados viendo pasar otra oportunidad histórica. Argentina y los demás países de nuestra región podrían beneficiarse en un ordenamiento multipolar en el que ya no tengan la bota de las potencias occidentales sobre el pecho. Pero para que eso ocurra, es necesario que comprendamos el proceso y sepamos presionar a nuestros dirigentes hasta que estos posicionen correctamente al país en el tablero geopolítico.

Nuestros medios de difusión dominantes son repetidores de la narrativa de las potencias occidentales y no quieren que entendamos eso, no pueden permitir la generalización de la comprensión de que el orden mundial hegemónico de Occidente está resquebrajándose. Quieren, en una palabra, dejarnos pegados con quienes van a perder la guerra para que no podamos ubicarnos bien en el nuevo ordenamiento.

Eso es lo que hacen los que nuestro Arturo Jauretche llamaba con propiedad “cipayos”. Los cipayos trabajan para el dominante del momento, nunca para el país donde viven y que los vio nacer. Esos cipayos trabajan hoy para Occidente y no quieren que la Argentina se posicione correctamente en la política internacional del futuro, quieren defender un orden caduco e históricamente superado. Contra ellos luchamos y en respuesta a su narrativa falsificada publicamos esta edición de aniversario de nuestra Revista Hegemonía, explicando lo que hay en el reverso de la trama y los de arriba no quieren que veamos.

Esperamos que sea del gusto y que, fundamentalmente, le sirva al atento lector para estar quizá un poco más prevenido contra la estafa de los que quieren hacernos amar al opresor y odiar al oprimido, como decía ese Jauretche de otras latitudes que fue Malcolm X.


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