La moda de lo católico

En medio al vacío espiritual generado por años de negación de la religión como cosa propia de “fachos” y “atrasados”, surge un espontáneo movimiento reactivo en sentido contrario que no es más que una provocación o una simulación de catolicismo con fines de grieta y/o rebeldía contra todo lo establecido. La moda de lo católico es un catolicismo lógicamente falso, una impostación que responde más bien al clima de época y termina siendo igual de anticatólica que el movimiento opuesto contra el que quiere rebelarse.
2512 8 00 web

Han sido muchos los cronistas que, en las últimas semanas, a rebufo del lanzamiento del nuevo disco de la cantante Rosalía o del estreno de la película triunfadora en el festival de San Sebastián, han divagado sobre una suerte de “regreso a la espiritualidad” y hasta de “despertar católico” y no han faltado quienes —más osados aún— vinculan este presunto despertar con la “rebeldía” de una nueva generación que ha descubierto que proclamarse católico es el “nuevo punk”.

Todo este zurriburri conceptual, tan delator de la frivolidad bajuna de nuestros currinches, ha sido sin embargo muy celebrado y glosado desde ámbitos próximos al catolicismo “pompier”, siempre tan propensos al pensamiento ilusorio o desiderativo. Los domingos, la película de Aluda Ruiz de Azúa ganadora de la Concha de Oro, trata sobre una adolescente que anuncia a su familia su deseo de entrar en un convento de clausura. Resulta, desde luego, llamativo que la vocación religiosa de la muchacha no sea tratada de forma ensañadamente burlona (como por lo común ocurre en películas españolas recientes) y que la Iglesia no sea caricaturizada burdamente como una institución pérfida, pero la película no pretende indagar en la vocación religiosa ni en la naturaleza de la fe, sino más bien en las debilidades, inseguridades, miserias y problemas de incomunicación de una familia que reacciona ante la noticia de las formas más variadas.

En cuanto al disco de Rosalía, se ha presentado con una portada en la que la célebre cantante aparece con una toca blanca, como de novicia (aunque también con una rara prenda que envuelve y casi oprime su cuerpo, al modo de una mortaja o camisa de fuerza) y en el vídeo de alguna de sus canciones aparecen símbolos propios de la iconografía cristiana (algunos, por cierto, con un uso muy poco devoto, como los crucifijos que adornan los zapatos de la cantante) que, más que un “despertar católico”, nos han recordado la utilización de la estética religiosa con fines comerciales que la cantante Madonna llevó hasta el paroxismo en su disco Like a Prayer, donde diversas canciones —empezando por la que daba título al álbum— estaban llenas de irreverencias.

No parece, sin embargo, que esa sea la intención de Rosalía, quien en alguna entrevista se ha referido a sus inquietudes religiosas, que parecen sinceras aunque embarulladas. Pero en cualquier caso, la utilización de imaginería católica no creemos que pueda interpretarse como han hecho algunos cronistas apresurados, como una señal de que “lo católico” está de moda. Artistas españoles que han utilizado la imaginería católica de forma superficial o meramente esteticista los ha habido siempre a porrillo, también los que la han utilizado de forma jocosa o incluso blasfema (pensemos en Almodóvar o Buñuel). Aunque, siendo sinceros, mucho más temible sería que, en efecto, “lo católico” estuviese de moda, pues— como nos enseña Wilde— “la moda es una forma de fealdad tan intolerable que tenemos que alterarla cada seis meses”.

Una “moda católica” tiene que tratarse necesariamente de una falsificación de la fe católica, que adopta fachadas esteticistas o emotivistas que no sean otra cosa sino la instauración de una espiritualidad pastichera o sea, el triunfo más refinado y astuto del nihilismo que se ha adueñado de la cultura occidental. Ocurre sin embargo, que entre los jóvenes crece el rechazo hacia el vacío religioso sobre el que se fundan las caducas sociedades occidentales (que es la causa última de su decadencia cada vez más indisimulable).


Este es un contenido exclusivo para suscriptores de la Revista Hegemonía.
Para seguir leyendo, inicie sesión o suscríbase.

No puedes copiar el contenido de esta página

Scroll al inicio
Logo web hegemonia

Inicie sesión para acceder al contenido exclusivo de la Revista Hegemonía

¿No tiene una cuenta?
Suscribase aquí

¿Olvidó su contraseña?
Recupérela aquí.

¿Su cuenta ha sido desactivada?
Comuníquese con nosotros.