Problemas ya existenciales

Con todo un ambiente ideológico instalado, un ambiente en el que el valor positivo es la fantasmeada y el boludeo constante al punto de que hacerse el loco se vuelve normal, el poder fáctico introduce a sus muñecos en la lid electoral para que el pueblo vote creyendo que elige. Pero la observación fina de lo que es una maniobra de ingeniería social demuestra que el pueblo no solo no elige nada porque todas las listas de candidatos están siempre más o menos copadas por los mismos intereses, sino que además tiende a optar por lo que se ha puesto de moda sin preguntarse jamás por qué la moda es la que es. La mal llamada “democracia” entendida como sistema electoral de representación ya es un problema existencial.
2608 11 00 web

Alguien decía que todo pueblo tiene el gobierno que se merece. Haya sido de Maistre, Malraux o Martí el autor, la máxima contiene una verdad relativa porque si bien por una parte los regímenes son normalmente impuestos al pueblo por las clases dirigentes, también es cierto que en el sostenimiento de un régimen siempre actúa el nivel de conciencia promedio de un pueblo. En otras palabras, sin una estupidez generalizada las clases dirigentes no podrían hacer ni una fracción de las maldades que normalmente hacen en detrimento de las mayorías. Podría decirse entonces que hay un equilibrio, una responsabilidad compartida por todo el mal que se instala.

Puede ser, aunque para un peronista resulte difícil aceptarlo pues tiene fe en el pueblo y tiende a pensar que el pueblo nunca se equivoca. Tal vez el error esté precisamente allí, quizá esté en creer en la infalibilidad del pueblo sin matizar esa creencia en la penosa realidad de la manipulación. ¿Cómo no va a equivocarse el que toma decisiones no basándose en criterios e ideas propias, en una escala de valores determinada, sino en lo que recibe diariamente en la forma de operación mediática y cultural? El pueblo no se equivoca cuando piensa con buen sentido común popular, pero eso no siempre (y más bien casi nunca) pasa.

“Milei existe por Uds.”, dice el mal llamado “progresista” en lo que quedó del kirchnerismo, el que durante cuatro años sostuvo el régimen de Alberto Fernández. Pero resulta que Milei existe por Fernández o, mejor dicho, Milei existe por una ingeniería social de la que el régimen de Fernández fue una pieza esencial. Nos estamos responsabilizando mutuamente por algo que ocurre muy por encima de nuestra capacidad de comprensión, algo que pasa sin que podamos hacer nada para evitarlo básicamente porque no sabemos que algo está pasando.

“La población en general no sabe lo que está ocurriendo y ni siquiera sabe que no lo sabe”, decía Noam Chomsky. Y hay que creerle, porque Chomsky aparece en la lista de Jeffrey Epstein y sabe muy bien de qué habla, lo sabe por estar metido en la mismísima confabulación. El común de la gente no entiende que es pensada, que reproduce las ideas del poder creyendo que le son propias y finalmente termina siendo funcional a un juego de pillos cuyo objetivo es la reducción a la esclavitud o directamente la supresión física de las mayorías populares. Es funcional no sin saber que lo es, sino sin saber que existe tal cosa.

Así se llega a la conclusión de que en Occidente y aquí en las colonias hay un problema que es ya existencial: existe una dictadura tan perfecta que los subalternos no solo la perciben como democracia —y además como la única forma posible de democracia—, sino que además se adjudican todas las anomalías del sistema, que son muchas. Dicho de otra forma, a los de abajo nos tienen tan mentalmente modulados que llegamos a la conclusión de que todo lo malo ocurre porque votamos mal. La democracia existe, el pueblo decide y si esto no funciona es porque el pueblo no sabe elegir.

Vuelven entonces Martí, Malraux o de Maistre gritando desde el fondo de la historia: “Tienen el gobierno que se merecen”. Por no saber elegir, por votar mal. Punto. He ahí el problema que ya es existencial porque no se le puede explicar al sujeto de esta manipulación que lo es. El individuo que es sujeto de esta manipulación, de esta modulación mental en el nivel más básico de la pedagogía, no lo va a entender porque también está programado para no hacerlo. La programación es tan perfecta que el individuo es pensado para pensar determinadas ideas ajenas y, fundamentalmente, para pensar que piensa.

Trasládese entonces esta miseria existencial a la política y ahí van a estar los resultado de la ingeniería social todos a la vista. ¿Cómo explicarle al sujeto mentalmente modulado que vota a un determinado personaje no porque quiera votarlo, sino porque fue expuesto a un ambiente cultural artificialmente creado en el que los valores y las tendencias se programaron para que ese personaje aparezca como la opción electoral correcta en cada momento? No se puede, es la propia “conspiranoia”. No puede ser que haya alguien controlando hasta eso, no es posible que toda la cultura sea digitada. Es más fácil concluir que la gente vota mal y a otra cosa.

Pero se mueve, diría Galileo Galilei. Es mucho, pero es cierto: un Macri, un Alberto Fernández o un Milei siempre son expresiones demasiado oportunas de lo que está de moda en cada momento. Y si cada uno de ellos tomara decisiones políticas contradictorias entre sí podría pensarse que es solo una cuestión de oportunismo, de inteligencia por parte del dirigente que sabe ponerse en el área allí donde va a caer la pelota. Pero todas las decisiones de esos personajes son siempre para favorecer a los mismos, son siempre tiros para el mismo lado y entonces aquí tiene que haber una programación, una manipulación y una modulación mental.

El actual ambiente cultural es el del fantasma que “farmea aura”, que es un “chad” o un “mito” y de ahí los Milei, los Abelardo de la Espriella y toda la ola. No es una cuestión de derecha o izquierda, es lo que le sirve en cada momento a un poder fáctico que primero pone la mesa y luego caracteriza a sus payasos. Durante los últimos años fueron instalando la fantasmeada como un valor positivo y entonces aparecieron los candidatos que fantasmean para que toda la gente mentalmente modulada vaya y vote al fantasma. Es así y no al revés, razón por la que la explicación es difícil.


Este es un contenido exclusivo para suscriptores de la Revista Hegemonía.
Para seguir leyendo, inicie sesión o suscríbase.

No puedes copiar el contenido de esta página

Scroll al inicio
Logo web hegemonia

Inicie sesión para acceder al contenido exclusivo de la Revista Hegemonía

¿No tiene una cuenta?
Suscribase aquí

¿Olvidó su contraseña?
Recupérela aquí.

¿Su cuenta ha sido desactivada?
Comuníquese con nosotros.