El oso cazando en su propia cueva

A medida que va agotándose su hegemonía y se dificulta el acceso a la explotación de las riquezas y los recursos ajenos, Occidente se vuelve cada vez más hacia el interior de sus propias sociedades buscando allí cotos de caza y de saqueo. En consecuencia, el hombre occidental empieza a sentir en carne propia la opresión de la que en el pasado únicamente habían sido víctimas los pueblos en el subdesarrollo llamado de tercer mundo.
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Un proceso que no deja de tener cierta gracia por estos días es la proliferación en Occidente de toda clase de contenido en redes sociales orientado a denunciar las maldades de un sistema que presuntamente pareciera haberse modificado de un día para el otro, derivando en una injusticia intrínseca que hoy en día los occidentales observan y padecen. Lo gracioso del caso es que el sistema jamás cambió, es exactamente el mismo que históricamente viene sometiendo al sur global.

Occidente se comporta en estos días como antaño, aplicando la misma lógica depredadora del colonizador que se aplicó a África, en América Central y del Sur, en Asia y en el mundo musulmán. La única diferencia es que ahora esa lógica de depredador y presa se aplica en casa y son los propios individuos occidentales quienes deben padecer sus consecuencias.

Pero a nadie debería de sorprender que esto suceda así, pues la sociedad occidental replica, en tanto que depredadora, el comportamiento del oso negro que sale de la guarida a buscar comida y, en caso de no hallarla, regresa a la cueva y se come a sus propias crías, a los individuos enfermos y a los ancianos. El oso actúa por instinto y su instinto de alimentación es superior al instinto de comunidad. Al fin y al cabo hay que comer y el oso comerá lo que esté disponible, a la hora de cazar impera la ley de la selva.

La sociedad occidental es idéntica al oso negro, actúa por instinto de supervivencia y su naturaleza es depredadora. Si hasta la actualidad no se había alimentado de sus propias crías había sido por una circunstancia favorable, le bastaba con alimentarse por fuera de la propia manada. Pero esas circunstancias cambiaron, no así el sistema.

Eso implica que todas las atrocidades cometidas por los Estados Unidos y por Occidente de un modo general para permitir el estilo de vida material que los occidentales han estado disfrutando hasta ahora de a poco están comenzando a reproducirse al interior de las fronteras de Occidente y sus víctimas comienzan a ser los propios occidentales. Todas las tácticas de colonización, cada una de las tácticas del imperialismo —el dividir para reinar, la violencia, el terror, la supresión, la represión, la opresión, la privación, la dependencia, todo eso con el propósito de extracción—, la totalidad de ese paquete ahora se aplica puertas adentro.

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Adictos al fentanilo se retuercen parados en las calles de San Francisco, California, sin posibilidad de rescate o asistencia de ninguna suerte. Escenas como esta, que habían sido una exclusividad de los países subdesarrollados del llamado tercer mundo, ahora son frecuentes en los Estados Unidos. Las desgracias que Occidente había impuesto en otras latitudes se ciernen sobre el hombre occidental al debilitarse su aparato neocolonial.

El oso está cazando a nivel doméstico, esa es la única novedad. Y genera sorpresa en los individuos porque hasta el momento ellos se habían sentido parte del bando de los cazadores. Pero nunca lo fueron, eran apenas las crías indefensas, los parias y los enfermos. Los occidentales creían que ellos eran los beneficiarios del sistema, pero se equivocaron.

Sí, obtuvieron beneficios de los resultados del proceso pero nunca fueron el centro y el objetivo del sistema en sí. No era que la sociedad occidental se preocupara por los individuos comunes, los priorizara o los valorara, ese fue un malentendido por parte de los propios individuos. Un malentendido por otra parte inducido por el sistema mismo a través de la manipulación de masas.

Simplemente la cultura occidental es así, es una cultura carroñera y depredadora que antaño podía obtener mucho más aprovechándose del sur global que lo que podía obtener aprovechándose de sus propias crías, sus propios individuos enfermos y los viejos al interior de la manada. Esa era la situación y por eso quienes hoy denuncian la barbarie de Occidente están apenas anoticiándose de la naturaleza de su cultura.

Hasta no hace mucho estaban del lado de los que recibían, pero nunca dejaron de pertenecer al grupo de los débiles, de aquellos a quienes en última instancia el oso se puede comer. Los que recibían las sobras se sentían los dueños del coto de caza. Pero venían salvándose no porque fueran importantes y de hecho no se salvaron en absoluto, simplemente les venían perdonando la vida. Antes no tenía sentido, de acuerdo con la lógica depredadora de la cultura occidental, cazar dentro de la cueva cuando eso podía hacerse fuera y sostener de esa manera una armonía al interior de esta.


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