Desde el lugar del que se percibe como una voz autorizada en la política por sus logros, fundamentalmente por los obtenidos en el campo de batalla como funcionario y partícipe necesario de la década ganada entre el 2002 y el 2012, el economista y comerciante mayorista Guillermo Moreno rema hoy contra la corriente del sentido común al insistir en afirmar que el gobierno de Javier Milei será breve. Si bien esa apreciación fue hasta hace pocos días compartida por muchos tanto en la política como entre los civiles que opinan en las redes sociales, los eventos del 1°. de marzo que tuvieron lugar a lo largo de todo el día, antes y durante la apertura de sesiones ordinarias del Congreso, habrían de poner entre paréntesis la afirmación taxativa de la brevedad de Milei en la presidencia de la Nación.
Moreno insiste por lo tanto en la idea que hasta ese 1º. de marzo estuvo en el centro del debate y que fue expresada durante el verano “sin carpa” por el empresario Enrique “Pepe” Albistur —más conocido por ser el marido de la progresista socialdemócrata Victoria Tolosa Paz— quien dejó grabado en un video que el gobierno mileísta iba a durar más bien poco. Sentado en una reposera sobre la arena de la playa, Albistur afirmó graciosamente frente a la cámara de un teléfono celular que Milei sería como “Semana Santa”, pues no se sabía si iba a caer en marzo o en abril. El video circuló intensamente por las redes sociales y fue objeto del escándalo por parte de los operadores mediáticos que se hacen llamar “periodistas” y se rasgan las vestiduras por la “institucionalidad democrática”, siempre y cuando el gobierno de turno sea afín a los intereses de los dueños de los medios en los que esos operadores operan sus chanchullos.
Lo cierto es que antes del 1º. de marzo y a menos de 90 días de iniciarse, el gobierno de Javier Milei venía siendo objeto de fuertes especulaciones sobre su continuidad en el corto plazo. Desde el primer dirigente hasta el último civil opinólogo, todos hacían pronósticos y hasta apuestas sobre cuánto iba a durar el gobierno mileísta, dando por sentado lógicamente que no duraría los cuatro años que marca la Constitución. La premisa fundamental de esa percepción generalizada era la de que el potentísimo ajuste impuesto por Milei debía resultar naturalmente en una efervescencia social y en un estado de sublevación popular tales que Milei no iba a poder resistir en el cargo.

¿De dónde vendría entonces ese ataque fulminante que voltearía a Milei? ¿Vendría de la multitud de trabajadores golpeados por la liberación salvaje de precios? ¿Vendría de la mal llamada “clase media” al percatarse esta de que había sido despojada de sus ahorros en dólares por el plan económico del ministro Luis Caputo? ¿O vendría de ambos flancos a la vez, de piquete y cacerola unidos en una rebelión popular total de las que no se ven todos los días? En estas disquisiciones se entretenían quienes todavía creen que las manifestaciones callejeras impactan en la política y, en consecuencia, pensaban que algo de eso sería lo que finalmente iba a llevarse puesto a Milei, aunque eso siempre fue incierto porque la política la hacen los dirigentes políticos y estos parecerían estar cómodos hasta aquí con la imposición de unas políticas que ninguno de ellos se animaba a imponer.
La fe en esa entelequia que es la rebelión popular sin conducción política alimentó durante los meses de enero y febrero las fantasías destituyentes de quienes no quieren a Milei, hasta que un buen día todo eso se esfumó. Bien asesorado por los intelectuales orgánicos del poder que lo rodean, Milei salió del callejón sin salida en el que se había metido al descartar cualquier posibilidad de pacto con la “casta” y además lo hizo convirtiendo un giro incoherente en una épica. Después de declarar demagógicamente la guerra contra toda la dirigencia política y de ver que eso iba a tener resultados catastróficos para su régimen, Milei y sus intelectuales se inventaron el “Pacto del 25 de mayo” posibilitándole al presidente “recular en chancletas” sin que se note mucho e incluso sin que se note en absoluto.

Es la maravilla de la estrategia política bien ejecutada. Con el “Pacto del 25 de mayo” Milei no solo logró cancelar la declaración de guerra a los dirigentes de la política sin mostrarlo, sin dejar en evidencia la rendición, sino que además hizo de ello una épica militante que lo ubica como presidente por lo menos hasta el 25 de mayo, esto es, logró silenciar a quienes especulaban con su caída entre marzo y abril. Aquí el atento lector tiene la demostración práctica de que virtualmente cualquier situación de adversidad puede salvarse mediante la buena ejecución de la estrategia política, realmente no existe el “de eso no se vuelve” si los asesores son inteligentes y aptos para hacer la magia del spin doctor.
Como todo representante de los intereses de los de arriba Milei tiene a su disposición a los mejores asesores, razón por la que logró inventarse el “Pacto del 25 de mayo” para convocar a la “casta” a sentarse en una mesa de negociación sin bajarle la moral a su tropa. Los militantes, los simpatizantes y los dirigentes subalternos del mileísmo no entendieron que Milei hace el “Pacto” justamente para eso, para pactar con quienes había jurado no dialogar jamás: la “casta” de gobernadores y demás políticos convocados al debate. Y no solo eso, sino que entendieron todo lo opuesto. El mileísta está convencido de que el “Pacto” es un avance y no un retroceso, cree que se trata de un logro de gestión del gobierno y no de un paso atrás.
Pero efectivamente es una capitulación. Luego de “cerrarles la canillas” a los gobernadores hasta amenazar con extinguirlos inviabilizando a casi todas las provincias del país, Milei comprobó que la “casta” había quedado obligada a conspirar unida en su contra aunque más no sea por instinto de autopreservación. El de ser objeto de una conspiración general es un lugar muy peligroso, una posición precaria en la que de pronto son demasiados los enemigos y el peligro acecha en cada curva del camino. Los dirigentes amenazados por Milei con la desfinanciación de sus esquemas pusieron a un lado sus diferencias partisanas para luchar contra el enemigo común, de estar acorralados pasaron a acorralar a Milei y Milei debió salir rápidamente de ese lugar para no incurrir en un peligro muy grande.

Milei logró hacerlo con la convocatoria del “Pacto”, la que presentó en una mística religiosa de tradición judía: dos tablas, diez mandamientos y el anuncio de que bajará cual Moisés del Monte Sinaí a revelar la verdad. No hay nada de eso, por supuesto. Lo que en la práctica debe ocurrir por fuera de la vista de la opinión pública en las reuniones reservadas que tendrán lugar hasta el 25 de mayo y finalmente ese mismo día en Córdoba es un Milei poniendo la oreja para escuchar las exigencias de los gobernadores. Toda la opinión pública cree que Milei reúne a la “casta” en Córdoba para imponerle los diez puntos de su decálogo que se pretende sagrado, pero no hay ninguna imposición porque eso es técnicamente imposible. Ahora llega el momento en el que los gobernadores presentan sus exigencias para adherir al “Pacto” y parar la guerra.
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