A partir del fulminante advenimiento de Javier Milei con su triunfo en las elecciones de noviembre de 2023, una serie de circunstancias y personajes que hasta entonces se habían mantenido por fuera de la vista de la opinión pública empezaron de pronto, por razones que son difíciles de explicar, a hacerse visibles tanto en nuestra política de cabotaje como en el plano internacional. Uno de esos personajes es el oscuro Eduardo Elsztain, el superpoderoso magnate de los bienes raíces, de la producción de alimentos y energía y de otras actividades quizá no precisamente del todo lícitas, un hombre misterioso que algunos llaman “el dueño de la Argentina” y controla, en efecto, fácticamente, buena parte de nuestra economía.
Elsztain, un judío ortodoxo de 63 años que en la actualidad se caracteriza por ostentar la barba tupida y la kipá típicas de quienes adhieren a ese fanatismo religioso, ha sido hasta hace no mucho objeto de teorías dichas “conspiranoicas”, esto es, de aquel tipo de información o de conocimiento que no circula por los medios de comunicación tradicionales. Si bien es de público conocimiento su control sobre el mercado inmobiliario a través de su corporación IRSA, Elsztain ha sido siempre tan invisible como pueden ser los megamillonarios de su talla y eso se debe a que siempre mantuvo un perfil bajísimo. En los medios prácticamente jamás se habló de él.
Ese anonimato relativo se esfumó súbitamente en las últimas semanas de 2023 al triunfar Milei en las elecciones. De modo inesperado incluso para un periodismo que no supo muy bien cómo tratar el asunto, Elsztain apareció en el acto de asunción del flamante presidente y luego otra vez en la gala que se realizó en el Teatro Colón para celebrar ese evento político. Y luego dejó abordarse en la calle por un notero de televisión con micrófono y cámara encendidos, situación de la que al parecer no hay precedentes tratándose de Elsztain. Más allá del natural estupor por parte de la opinión pública frente a un personaje tan excéntrico al que muy pocos le conocían la cara y ahora pasa a ser figurita repetida en todas partes, la aparición de Elsztain suscita una infinidad de interrogantes muy complejos.

¿Por qué ahora? ¿Por qué un magnate que ha hecho enormes negocios con todos los gobiernos desde Carlos Menem —especialmente con este, como veremos— hasta la fecha resuelve abandonar un anonimato tan celosamente preservado durante años y décadas para dejar públicamente asociada su imagen con la de un presidente electo? La respuesta a esta pregunta todavía no está al alcance de la comprensión general, pero será la clave para resolver muchos de los misterios que envuelven en una mística casi sobrenatural a Eduardo Elsztain. Podría decirse que en la comprensión del vínculo que une a Elsztain, a Milei y a otros personajes igualmente turbios de la política y del poder fáctico está la respuesta a un enigma mucho más importante: el de cómo se benefician algunos individuos del poder político en el Estado para hacer inauditas fortunas en países semicoloniales y subdesarrollados como el nuestro.
El caso es que Eduardo Elsztain resolvió abandonar voluntariamente su lugar de comodidad en las sombras, de donde difícilmente alguien podría de otro modo haberlo sacado. Y lo hizo para “quedarse pegado” con un Javier Milei que es una incógnita dentro del sistema lógico de comprensión de la política. Algunos analistas se aventuran a adelantar que como presidente Milei será breve, muy breve. Otros, incluyéndonos a los que aquí escribimos, creemos que la presidencia de Milei va a durar todo lo necesario para que el gobierno “libertario” haga el reseteo de la Argentina en sus finanzas luego de una década de debacle constante e imponga las reformas “antipáticas” que los demás dirigentes quieren ver realizadas, pero ninguno se anima a realizar en primera persona por sospechar que las consecuencias de hacerlo podrían ser nefastas para el que lo haga.

El de Milei se percibe entonces como un gobierno inestable y con una fecha de vencimiento determinada por terceros mucho más allá de la voluntad del propio Milei o de los mileístas. Es un gobierno que se construyó con una finalidad revolucionaria en un sentido destructivo, con el fin de arrasar con estructuras condenadas bajo las que millones vienen refugiándose hace años. Y con esos millones adentro, por supuesto, razón por la que es lícito suponer que la demolición de Milei solo puede resultar en una inestabilidad política y social quizá nunca antes vista y de la que el propio gobierno no podría salir vivo. Es probable que Milei no dure en su cargo los cuatro años previstos en la Constitución y si eso llegara a ser así, será porque Milei y su gobierno quedaron enterrados bajo los escombros de su propia demolición.
Lo misterioso de este asunto sería entonces comprender por qué pudiendo permanecer en el cómodo anonimato Eduardo Elsztain ha resuelto asociar su imagen justamente con el actual gobierno y no con cualquiera de los regímenes anteriores, que fueron mucho más estables desde el pronóstico y con los que Elsztain ganó mucho, muchísimo dinero expandiendo su imperio hasta límites inimaginables. Porque si está claro que Milei es un chivo expiatorio de la política y debería durar lo justo y necesario para llevar a cabo la tarea de demolición que esa misma política le encargó, resulta muy difícil entender por qué un superpesado como Elsztain, quien ciertamente accede a la información privilegiada de la mejor calidad disponible en el mercado, habría de dar la cara ahora.
Es que a lo mejor todo es una ilusión y Javier Milei no está destinado a quedar enterrado bajo los escombros de la demolición que ya está haciendo, sino que va a sobrevivir a dicha demolición para liderar él mismo el proceso de reconstrucción posterior. ¿Quién lo sabe? Por lo pronto, la decisión de Elsztain en el sentido de mostrarse junto a Milei de una forma en la que no había hecho jamás con ninguno de los presidentes anteriores podría ser un indicativo de ello, o bien de que el juego no es como lo solemos imaginar quienes lo analizamos. Hace falta una ingente cantidad de pensamiento lateral para descifrar los planes y adelantar la jugada de ajedrecistas como Elsztain, por supuesto.

Ese pensamiento lateral puede conducir a muchos lugares muy distintos y fundamentalmente a escenarios en los que un fracaso o un éxito no son aquello que se presenta como tal. Es posible que sí, que Milei sea en efecto muy breve en su presidencia, que haya venido a realizar una tarea de demolición y que, precisamente por eso, Elsztain haya tomado la decisión de asociar su imagen a ese “fracaso”, el “fracaso” de un presidente que se va eyectado del poder político antes de cumplir la totalidad del mandato para el que fue electo. ¿Y si en el tablero de ajedrez en tres dimensiones donde juegan los tiburones como Elsztain ese “fracaso” no fuera tal, sino más bien una ventana de oportunidad para algo que no está a la vista de los civiles?
Esas son especulaciones o elucubraciones del pensamiento lateral que no podrán tener corroboración sino hasta que la maniobra esté enteramente a la vista, es imposible dar cuenta de la infinidad de posibilidades e hipótesis más o menos probables. Y entonces es preciso atenerse a esta dicotomía, que es más concreta en sus propios términos: o bien Milei es breve, termina en un fracaso estrepitoso y Elsztain está equivocado en “quedarse pegado”, o bien Elsztain está en lo cierto y Milei no es para nada breve. Es evidente que solo el tiempo con el curso de los acontecimientos podrá dar solución a esta disyuntiva, razón por la que solo sirve aquí dejar planteada la cuestión sin profundizar demasiado en el pronóstico de cómo podrá resolverse.

Mucho más interesante por el momento es explorar otras hipótesis, como la de un Eduardo Elsztain en la forma de enlace entre el Estado argentino e intereses que son contradictorios a la existencia de ese mismo Estado, los intereses de las corporaciones de un modo general. Para hacer esa caracterización, no obstante, es necesario conocer al personaje de Elsztain hasta sus orígenes en las últimas décadas del siglo pasado, cuando este habilidoso inversor tomó las riendas de la empresa familiar fundada en 1943 por su abuelo Isaac Elsztain, un judío ruso que había inmigrado pocos años antes a la Argentina. Inversiones y Representaciones Sociedad Anónima es IRSA, es esa empresa familiar que en determinado momento entre los años 1980 y 1990 empezó a convertirse en lo que es hoy: una megacorporación con participación destacada en los más variados rubros de negocios.
Hace más de tres décadas, siendo un joven ambicioso de tan solo 30 años, Eduardo Elsztain habría de agarrar con las dos manos la oportunidad de su vida al reunirse en Nueva York con quien en ese momento posiblemente aparecía frente a sus ojos como el modelo a seguir. El financista judío de origen húngaro George Soros accedió a recibir a Elsztain para una breve reunión en Nueva York, en un encuentro que duró menos de una hora. Allí Soros le preguntó al entonces desconocido Elsztain cuánto dinero creía este que podía manejar. Ni lerdo ni perezoso, Elsztain le respondió a quien sería su padrino que sería capaz de administrar 10 millones de dólares, un cifra muy importante para la época, mucho más significativa que ahora.
Con ojo clínico de tiburón de la especulación, Soros quedó convencido de la capacidad de un Elsztain que en menos de una hora le transmitió al húngaro la imagen de un hombre “que sabe cuándo comprar y sabe cuándo vender”, según palabras del propio Soros. He ahí el capital inicial con el que Elsztain habría de transformar IRSA en una corporación del rubro inmobiliario. En la aventura Elsztain fue acompañado por su socio de toda la vida, Marcelo Mindlin, otro judío argentino de cuyo extenso prontuario constan turbias relaciones con la “patria contratista”, muchas de las que tomaron estado público durante el régimen de Mauricio Macri entre 2015 y 2019. Mindlin es uno de los popes del transporte y distribución de energía eléctrica a través de sus empresas Pampa Energía, Transener y Edenor, entre otras.

Pero la relación de padrinazgo con George Soros no es el único ovillo del que puede tirarse para descubrir los vínculos de Elsztain con la delincuencia globalista. Aún en Nueva York, Elsztain habría de conocer a Menachem Mendel Schneerson, el famoso rebe o rabino de Lubavitch, un judío ruso —al igual que el abuelo de Elsztain— quien a fines de los años 1980 era el líder de la Jabad Lubavitch, la que es a su vez una secta jasídica cuya existencia ha sido descubierta por la generalidad de los argentinos al producirse la visita de Javier Milei, pocas horas después de su triunfo electoral en noviembre, a la sede de dicha caterva de fanáticos. Según declaraciones propias al diario israelí Haaretz, Elsztain habría sido aconsejado por el rebe de Lubavitch a desarmar inversiones bursátiles e invertirlo todo en bienes raíces. Elsztain le hizo caso al patriarca judío y eso, el resultado de esa decisión estratégica, es el imperio IRSA actualmente.
Ahí también queda sugerido que la naturaleza del vínculo entre Elsztain y Javier Milei, sobre la que especulábamos en los primeros párrafos de este texto, sea probablemente religiosa. Y así el motivo por el que Elsztain ha resuelto abandonar la comodidad del anonimato para “quedar pegado” con un dirigente político no estaría basada en la especulación sobre si Milei va a tener éxito o si va a fracasar, sino al hecho de que tanto Elsztain como Milei pertenecen a la misma secta religiosa. Esta coincidencia, que no puede ser casual, habla a las claras de una asociación ilícita con la finalidad de seguir desplumando al Estado argentino en beneficio de una minoría privilegiada y, además, sectaria. Pero también puede exponer relaciones y vínculos aún más oscuros.

El hecho sorpresivo de que el presidente electo de un país mayoritariamente cristiano, en el que apenas el 0,4% de la población es judía y solo una ínfima parte de estos es ortodoxa, se haya dirigido pocas horas después de haber sido confirmado como ganador de las elecciones a Nueva York con el solo fin de hacerse ungir por los extremistas de la Jabad Lubavitch ya debe decir muchísimo acerca de esos vínculos y esas relaciones. La pregunta que debería hacerse es por qué los dueños del poder fáctico global como George Soros, Eduardo Elsztain y Marcelo Mindlin, entre otros, comulgan en una misma secta con Javier Milei, supuesto representante político de las mayorías en Argentina. Y por qué esa comunión se realiza en otro país, con gente y cosas que nada tienen que ver con la Argentina y alrededor de un culto que es extraño al pueblo-nación argentino.
Sectarios, fanáticos y extremistas
Entonces Soros, Elsztain, Mindlin y Milei están unidos por una ideología religiosa que es un fanatismo, pero además por pertenencia sectaria específica. Se produce aquí una inaudita promiscuidad entre quienes deberían ver limitado su accionar por el Estado y el encargado de llevar a cabo esa limitación y el atento lector dirá, con mucha razón, que nada de eso es nuevo. A lo largo de la historia argentina ha existido esa promiscuidad y se han utilizado los recursos públicos del Estado para favorecer y beneficiar a ciertos empresarios en lo que llamamos vulgarmente la “patria contratista”, esto es, los dirigentes políticos que deberían controlar al zorro para que este no entre al gallinero han sido siempre quienes le abrieron de par en par la puerta al zorro. Pero aquí hay algo más.
La novedad es precisamente la revelación de esos vínculos, la exposición motu proprio de la promiscuidad entre el presidente Milei y el “dueño de la Argentina” Elsztain mediante un gran despliegue de puesta en escena por parte de ambos. Elsztain dice presente en el acto de asunción de Milei y en la gala posterior, mientras Milei responde con una visita a la sede de la Jabad Lubavitch, “alma máter” espiritual de Elsztain. ¿Por qué esa exposición tan ostensiva? ¿Qué están tratando de decir públicamente tanto Elsztain como Milei con esta indiscreción deliberada? Hasta el advenimiento de Milei la promiscuidad entre la política y el poder real siempre fue un asunto propio de la investigación periodística o “conspiranoica”, siempre hubo que denunciarla para darla a conocer. Ahora no, ahora la muestran directamente los mismos promiscuos.

Toda hipótesis debe partir de allí, de una premisa básica que es la exposición voluntaria de la promiscuidad entre lo público y lo privado por parte de los mismos promiscuos. Y luego debe seguir necesariamente por la elección del símbolo ideológico, que aquí es un símbolo además religioso e inequívoco. Elsztain ha decidido mostrarle al pueblo-nación argentino que tiene a Javier Milei en el bolsillo y que ese vínculo de propiedad, al darse en el marco de un culto judío, en una sinagoga ortodoxa de Nueva York, va a conducir a los Estados Unidos y a Israel como terminales de poder. He ahí lo que quieren comunicar con toda esta pantomima, que el país al que ellos gobiernan es una colonia y que sus dueños están entre Nueva York y Tel Aviv.
Muy a propósito de todo esto existe una curiosidad que está lejos de ser un dato de color y es también muy elocuente en todo sentido. Si el atento lector hace en Google una búsqueda con el término “dueño de la Argentina” el resultado que obtendrá es el nombre y es la foto de Eduardo Elsztain. El por qué Google hace eso, a saberlo, por qué determina que Elsztain es el dueño de un país, puede tener que ver con una intencionalidad corporativa, con una cuestión de algoritmo —ya son tantos los que llaman “dueño de la Argentina” a Elsztain que el buscador terminó “entendiendo” que eso es en efecto así— o con ambas cosas. Lo que aquí no hay es un accidente. Desde el punto de vista de las corporaciones los países semicoloniales son estancias y naturalmente tienen dueños.
Eduardo Elsztain es entonces el “dueño” del país en un sentido simbólico, está simbolizando a los verdaderos dueños que en conjunto son lo que el General Perón solía llamar la sinarquía internacional y en estos tiempos que corren llamamos el poder fáctico de las élites globales. Sin cuidado de cómo se llame, se trata de una misma minoría poderosísima, de un grupo limitado de familias en el que se incluye el apellido de Elsztain, un poco por la gracia de Soros y otro poco por la habilidad del propio Elsztain en todo lo que es parasitar y saquear el Estado en beneficio propio. Elsztain dirige los nexos hacia la sinarquía en los Estados Unidos y en Israel y la indagación como deducción lógica permitirá entonces, en posesión de las premisas expuestas anteriormente, inferir la identidad de todos los demás sinarcas.

En el evangelio de Mateo puede leerse la siguiente enseñanza, que es muy valiosa por ser propia del sentido común: “Por sus frutos los conocerán. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los cardos? Del mismo modo, todo árbol bueno da fruto bueno, pero el árbol malo da fruto malo. (…) Así que por sus frutos los conocerán”. Aplicado al análisis de la política, el evangelio de Mateo sirve para observar las políticas de Estado de un gobierno desde el punto de vista del cui bono, intentando siempre dar con la identidad de quienes se benefician al implementarse un determinado proyecto político. Y en esa observación respecto al gobierno de Javier Milei van a aparecer como ganadores siempre los mismos.
Empezando por la reforma de la Ley 26.737 que es el régimen de protección al dominio nacional sobre la propiedad, posesión o tenencia de las tierras rurales. Esta ley de tierras prohíbe la adquisición por parte de extranjeros de tierra que contenga o sea ribereña de cuerpos de agua de envergadura y permanentes, como los mares, los ríos, los arroyos, los lagos, los humedales, las lagunas, los esteros glaciares y los acuíferos, es decir, de prácticamente toda la tierra de alto valor económico y estratégico para el país. Y además prohíbe que los extranjeros sean dueños de tierras ubicadas en zonas de seguridad de frontera. Al reformar esta ley de tierras tirando abajo todas las prohibiciones previstas en ella lo que Javier Milei hace es legislar —aunque detenta el poder ejecutivo y no el legislativo— en beneficio de alguien.
¿De quién? Pues a primera vista de Eduardo Elsztain, quien a través de IRSA controla una inmensa cantidad inmuebles urbanos, pero también posee cientos de miles de hectáreas a través de Cresud, otra corporación que está bajo su control, en Argentina, Brasil, Paraguay y Bolivia. De acuerdo con el perfil corporativo publicado por la propia empresa, Cresud produce “granos de oleaginosas (soja, claramente) y cereales, caña de azúcar y carnes para el mundo”, esto es, con fines de exportar la producción. Aquí estamos frente a un asunto de importancia estratégica a nivel global si se comprende que los alimentos en general son la clave de la estabilidad geopolítica y la soja, en particular, es de vital importancia para China en aquello de la nutrición animal para las megagranjas de cerdos sin las que no podrían existir los 1.400 millones de chinos.

Pero Elsztain no es técnicamente extranjero, nació en Argentina y no está limitado por la ley para adquirir las tierras que quiera. Extranjeros son los amigos de Elsztain tanto en Nueva York como en Tel Aviv, son los demás sinarcas que hasta aquí han usado a su socio argentino como un testaferro y ciertamente lo han presionado desde siempre por la derogación de la ley de tierras. Si se entiende a Elsztain como un enlace y no como un ciudadano o una persona física, la conclusión será la de que detrás de Elsztain viene necesariamente toda la sinarquía internacional con asiento en los Estados Unidos, en Israel y posiblemente en los demás centros del poder global. Eso es lo que está escrito entrelíneas en la pantomima de Milei en la neoyorkina Jabad Lubavitch con esos violentos colonialistas que son los judíos ortodoxos y los sionistas.
En este punto vuelve a aparecer aquello que la voz dominante ha intentado desde siempre ubicar en la categoría de teoría de la conspiración —la vieja “conspiranoia” de siempre— y es el Plan Andinia, el proyecto de establecer un Estado judío en la Patagonia de Argentina y Chile mediante la secesión territorial de esos países y la usurpación de dicho territorio. El Plan Andinia ha sido objeto de la burla y de la risa de quienes se consideran demasiado intelectuales como para creer en esas cosas, aunque nadie se ríe frente a la observación de cómo desde 1948 y con la ayuda de los estadounidenses y los británicos el sionismo invadió y usurpó el territorio palestino hasta llegar a la situación terminal actual, en la que los ahora israelíes consideran que la totalidad de la tierra usurpada les pertenece y en consecuencia intentan llevar a cabo una limpieza étnica para suprimir a los palestinos.
Hay menciones explícitas al Plan Andinia en el libro El Estado judío, del fundador del sionismo Teodoro Herzl y otras referencias más bien oblicuas en Los protocolos de los sabios de Sion, obra que los sionistas consideran apócrifa y una pieza de las teorías de la conspiración existente en su contra, lo usual. El asunto es que sobrevuela la idea de la instalación de un Estado confesional judío en la Patagonia y la derogación de la Ley 26.737 por parte de Milei sumada a su repentino fervor religioso y acercamiento a los judíos ortodoxos de la Jabad Lubavitch dan como resultado necesario no solo que el Plan Andinia es real, exacta o aproximadamente, sino que además está en marcha. ¿Cómo no interpretarlo así, si todos los actores implicados en la trama hacen un gran esfuerzo para dar a entender que eso es así?

Está claro que hay en todo este embrollo una especie de primado negativo en el que la idea de la instalación de un Estado confesional judío en la Patagonia hoy argentina y chilena queda enterrado en lodo. Ese primado negativo consiste en una presentación de la hipótesis como “conspiranoia”, ridiculizando a los que la sostienen y todos sus postulados hasta instalar en la conciencia colectiva otra idea, la de que los sionistas jamás querrían establecer un Estado judío en la Patagonia. Y mientras los superados intelectuales —en realidad colonizados pedagógicamente por el primado negativo— siguen riéndose y burlándose de la hipótesis, acciones se llevan a cabo para la concreción del plan. Una de esas acciones es la instalación de un gobierno que posibilita la adquisición de tierras estratégicas en Argentina por parte de extranjeros, condición necesaria para el éxito del plan.
Frente al proceder del sionismo sobre territorio palestino desde 1948 en adelante debería el intelectual preguntarse si es verdaderamente absurdo que un sionista como Eduardo Elsztain sea un agente y una cabeza de playa en la estrategia supuesta, la que ya no parecería ser tan “conspiranoica”. Por otra parte, la fulminante escalada del conflicto en Medio Oriente podría indicar que los sionistas usurpadores de Palestina están buscando alguna suerte de pretexto para hacer una mudanza. ¿Por qué no? Al concluir que es inviable la existencia del Estado de Israel donde actualmente está, lo más natural sería pensar en que siga existiendo en otra parte. ¿Por qué no en la Patagonia, como decía Teodoro Herzl exactamente medio siglo antes de la invasión sionista al territorio palestino?
Por lo pronto la concatenación de eventos acaecidos desde el pasado 7 de octubre indica que eso podría muy bien ser así. Luego de ser intocable durante casi ocho décadas, esa fortaleza militar llamada Israel es atacada misteriosa y sorpresivamente por un grupo de guerrilleros, quienes se meten sin resistencia fortaleza adentro, capturan rehenes y se retiran sin sufrir ningún tipo de represión, nada. ¿Falló el blindaje de última generación o en realidad los israelíes dejaron hacer para tener el pretexto ideal y empezar una limpieza étnica en Gaza, a sabiendas de que países como Irán no iban a tolerar tal cosa en silencio y de que el resultado podría ser una guerra total a nivel mundial? Todo eso, véase bien, simultáneamente a la elección de Javier Milei en Argentina, la revelación pública de la figura de Eduardo Elsztain y la derogación de la Ley 26.737, la ley de tierras.

Bien mirada la cosa, la única conclusión posible es que conspiranoia (ahora sin comillas) sería más bien observar todos esos eventos en su contexto y creer que no están de alguna forma relacionados entre sí en el marco de un plan o de una estrategia. De tener en cuenta que nada en la política y en la geopolítica es accidental o casual, el repentino movimiento de Elsztain en Argentina capturando el poder político y mostrándose públicamente mientras lo hace va a conectarse de alguna forma con el genocidio sionista en Gaza y, si lo que se quiere es avanzar aún más en la observación de estos fenómenos lógicamente encadenados, a la revelación de la lista de quienes frecuentaron la isla de pedofilia que otro judío internacional, como diría Henry Ford si viviera, el agente del Mossad Jeffrey Epstein, regenteaba para “encarpetar” y hacer entrar “como caballos” a dirigentes políticos y otros poderosos en operaciones de inteligencia.
¿Por qué ahora? Jeffrey Epstein fue encontrado ahorcado en su celda en agosto de 2019, hace más de cuatro años. Y durante todo este tiempo los mal llamados “conspiranoicos” le exigieron a la Justicia estadounidense la difusión de la lista de huéspedes de Epstein en su isla del terror. Cuatro años y medio más tarde y en el marco de todos estos eventos que implican a los judíos y a los sionistas en todo mundo la lista aparece. ¿Por qué aparece ahora, si el poder judicial de los Estados Unidos siempre tuvo acceso a la información y pudo haberla dado a conocer en cualquier otro momento? El que esté mínimamente familiarizado con los tiempos de la Justicia sabrá que nada aparece ni se cajonea sino cuando es conveniente para algún potentado en alguna parte, sea en los Estados Unidos, aquí o en la Cochinchina.
Una de las hipótesis barajadas por los “conspiranoicos” estadounidenses da cuenta de un chantaje, una extorsión. El Estado de Israel estaría previendo que el gobierno de los Estados Unidos, ya durante este último año del mandato de Joe Biden o tras el muy probable retorno de Donald Trump, va a “soltarles la mano” en lo que se refiere al genocidio en Gaza mediante la interrupción en el suministro de armas y dinero a Tel Aviv. Para evitar que eso ocurra, Israel estaría poniendo sobre la mesa las carpetas de inteligencia producidas por el Mossad en contra de los dirigentes políticos que tienen la “cola de paja” de haber frecuentado la isla de Epstein. En una palabra, los Estados Unidos podrían seguir apoyando militar y económicamente a los israelíes en su cruzada genocida no porque eso les interese a los yanquis en el plano de la geopolítica, sino porque sus dirigentes están extorsionados y no les queda otra.

Y luego, finalmente, el escándalo del hallazgo de extraños túneles en la sede de la Jabad Lubavitch, volviendo curiosamente al punto inicial de toda la hipótesis. Justo allí donde a mediados de noviembre y tras ser electo en el ballotage Javier Milei fue a hacerse ungir por los judíos ortodoxos y donde está afiliado Eduardo Elsztain, en ese mismo lugar y en esa misma sinagoga. De aquellos túneles salían sillitas de bebés, colchones manchados en lo que parecería ser sangre y otros objetos que naturalmente allí no debieron estar. Todo muy bien documentado en video, pues en los tiempos que corren no hay operación mediática sin imágenes impactantes. Y las hubo en enorme abundancia, incluyendo la muy insólita de un judío ortodoxo clásicamente caracterizado escapándose de la redada en la sinagoga de Milei y Elsztain… ¡por una alcantarilla!
Algo evidentemente pasa y la pregunta es qué. Todo parecería encadenarse en una forma todavía caótica, aunque no hay ningún caos en los planes y en las mentes de quienes desde algún lugar dirigen la función generando hechos y factoides en distintos lugares al mismo tiempo. El observador no puede más que contemplar las piezas del rompecabezas esparcidas sobre todo el tablero, desordenadas, pero con una premisa de base que no debe perder de vista: la irrupción de Eduardo Elsztain a partir del advenimiento, también fulminante, de Javier Milei. Pese a la percepción general de una relativa intrascendencia, los argentinos estamos sentados sobre el sexto territorio más rico y el octavo más extenso del mundo, nuestra colonización es un negocio que les interesa a muchos y fundamentalmente a los jázaros que atacan como sionistas y se defienden como judíos denunciando persecuciones allí donde lo único que hay es un cuestionamiento.
El judío internacional
Elsztain es la pieza fundamental de este rompecabezas geopolítico, es el dueño fáctico de una Argentina que amenaza con derrumbarse camino a la disolución de su constitución política y así, a los tumbos, no parecería estar en condiciones de defender las riquezas de su territorio y el propio territorio ante la codicia de quienes tienen mucho poder, dinero y hambre de expansión. Aunque no lo parezca, aunque nos imaginemos en una posición muy marginal dentro del concierto de las naciones por la insignificancia de la magnitud de nuestra economía nacional, desde el punto de vista de quienes están interesados en ganar la guerra por el establecimiento de un nuevo orden mundial la Argentina es estratégica, central. Y la existencia de personajes coordinantes como Eduardo Elsztain responde a la angurria colonialista de quienes tienen casi todo el poder y quieren más.

Desde su reunión con George Soros en Nueva York y la obtención de los 10 millones de dólares que fueron su capital inicial para transformar a IRSA en una megacorporación, Elsztain fue en la Argentina un tiburón cada vez más grande y voraz. Al advenir Domingo Cavallo como ministro de Economía durante la presidencia de Carlos Menem y con el mandato del Consenso de Washington, que exigía la desregulación de la economía y la privatización del patrimonio estatal, Elsztain empezó a beneficiarse con la adquisición de predios y edificios urbanos y rurales que el Estado enajenaba a precio vil y hasta se quedó con el Banco Hipotecario, que sigue bajo su propiedad en el presente. Elsztain hizo ganar a sus asociados —Soros, Mindlin y otra familia judía de gran poder económico, los Werthein— millones de dólares a costilla del pueblo argentino. Aquí empieza la promiscuidad entre Elsztain y el poder político de turno.
Gerardo Werthein, por cierto, fue quien acompañó a Milei en su excursión a Nueva York y específicamente en la visita a la sede de la Jabad Lubavitch, siendo recompensado por el presidente electo con el puesto de embajador de Argentina en los Estados Unidos. El grupo familiar Werthein posee, entre otros tantos activos, DIRECTV, Torneos y Competencias (TyC) y Telecom, todo esto solo en el rubro de las comunicaciones, además del diario El Cronista y la radio El Observador, cuyos mascarones de proa son los operadores Luis Majul, Viviana Canosa y Esteban Trebucq, los mal llamados “periodistas independientes” que evidentemente jamás van a denunciar ninguno de los innumerables chanchullos de la familia Werthein y, por extensión, tampoco los de Soros, Elsztain, Mindlin, Milei y compañía. He ahí los límites de las mentadas “independencia” periodística y la “libertad de expresión”, dicho sea de paso.
Elsztain habría de seguir campante con su avance sobre el Estado argentino durante todos los gobiernos posteriores al de Carlos Menem, incluso en el de Cristina Fernández de Kirchner. De hecho, en los primeros días de este año Eduardo Elsztain apareció sentado en una reunión de negocios junto a Axel Kicillof, el dirigente que muchos consideran como el sucesor natural de Cristina Fernández. La reunión fue difundida por el propio Kicillof en las redes sociales, con derecho a foto en la que Elsztain posa sonriente y bien caracterizado con su tupida barba de judío ortodoxo y la infaltable kipá. “Nos reunimos con Eduardo Elsztain, titular del grupo IRSA”, escribía Axel Kicillof, gobernador reelecto de la provincia de Buenos Aires, en Twitter, “para conversar sobre emprendimientos comerciales e inmobiliarios que promoverán el desarrollo de nuevos polos en la provincia”.

Ahí están la habilidad y la cintura de Elsztain para no dejar pasar ni una sola oportunidad de negocio con el dinero público sin cuidado del signo ideológico supuesto del gobernante de turno. El haber elevado a Javier Milei a la presidencia de la Nación no constituye, como se ve, impedimento alguno para que Elsztain haga negocios con el kirchnerismo en la provincia de Buenos Aires. Kicillof duerme con el enemigo, todos lo hacen. ¿O más bien será que no hay enemigos, toda esa intriga es simulada y se suspende automáticamente en presencia del que realmente manda? Habiendo tenido buenas relaciones con Cristina Fernández durante los ocho años de sus dos presidencias y luego con Alberto Fernández en los cuatro años de su régimen de terror, Elsztain difícilmente podría serle extraño a Kicillof.
Pero ese idilio habría de interrumpirse bruscamente y Kicillof iba a lamentar su decision de mostrarse públicamente junto al padrino de Javier Milei en su despacho de gobernador, pues al día siguiente el que irrumpió fue Guillermo Moreno en los estudios del canal C5N para acusar a Elsztain, sin ambages ni eufemismos, de estar implicado en el narcotráfico. “Vos vas a Rosario y todas las torres que hicieron paralelas al río las hizo Elsztain”, le decía Moreno a un tembloroso Pablo Duggan, que sudaba literalmente la gota gorda. “Cuando hablás con los muchachos te dicen que es toda ‘plata brava’, te dicen que son las ‘torres blancas’ (en clara referencia al dinero obtenido con tráfico de cocaína)”. El susto de Duggan se justifica porque ni el propio Duggan conoce la extensión de los tentáculos de Elsztain y, por lo tanto, no podía saber si permitiéndole a Moreno decir aquella verdad en su programa no pondría a lo mejor en riesgo su propio lugar privilegiado de operador mediático al servicio del poder.
Probablemente eso sea cierto y Duggan reciba en el mediano plazo, cuando ya nadie recuerde el episodio de la denuncia de Moreno en su programa, el castigo por parte del poder fáctico al que permitió acusar. Lo cierto es que la denuncia de Guillermo Moreno debió haber caído como una bomba atómica en la gobernación de la provincia de Buenos Aires, tal vez también en el Instituto Patria y ciertamente con potencia devastadora sobre la conciencia de los fanáticos residuales del kirchnerismo, quienes ven en Axel Kicillof una suerte de última esperanza de redención ante el retiro de la número uno. Kicillof es ese número dos y les dio de tragar a sus seguidores no solo el sapo de juntarse con un Elsztain íntimamente asociado con Milei, sino el batracio de reunirse con un Elsztain que ahora es un narcotraficante y un “lavador” de dinero de la cocaína en ladrillos.

No es moco de pavo, pero tampoco se justifica tanto escándalo. Al fin y al cabo, Eduardo Elsztain ha sido omnipresente en los pasillos de la política argentina durante las últimas tres décadas aún sin ser visible para la opinión pública. Directa o indirectamente, Elsztain ha hecho negocios y ha sacado provecho de todos los gobiernos nacionales desde Carlos Menem, además de hacer lo propio con todos los gobernadores provinciales e intendentes que hayan tenido algo para darle. Sentado sobre una importantísima caja como la de Buenos Aires, Axel Kicillof naturalmente no sería la excepción a la regla y solo pagará ahora un costo político porque Elsztain ya no es un anónimo. De haberse producido antes del ballotage de noviembre, cuando Elsztain todavía estaba en las sombras, la reunión en La Plata habría pasado inadvertida como pasa el 99% de las reuniones de esta naturaleza.
Pero Elsztain ha resuelto a partir del triunfo electoral de Milei abandonar la comodidad del anonimato y meterse en el barro, razón por la que recibió de Guillermo Moreno la grave acusación que desencadenó todo el escándalo. Elsztain ha mantenido durante tres décadas un perfil bajísimo a sabiendas de que las consecuencias de la exposición son esas mismas, al meterse en el barro uno no puede salir limpio. En 30 años Elsztain pudo construir un imperio inmobiliario prácticamente sin ser notado por la opinión pública, con total discreción. Y también ha avanzado con inversiones en los más variados rubros de la economía como el agronegocio, siempre con el mismo nivel de anonimato relativo. Y jamás tuvo en todos esos años una acusación ni un problema.
Por lo menos desde la familia Rothschild en adelante, judíos internacionales como Elsztain, Soros, Mindlin, Werthein y tantos otros han sido los dueños fácticos del mundo, han controlado la economía y las finanzas globales a base del cultivo de perfiles bajos, silencio y discreción, mucha discreción, de modo que la observación del comportamiento de Eduardo Elsztain hasta la elección de Javier Milei no arroja ningún resultado anómalo respecto a la regla general de los judíos internacionales denunciados genéricamente por Henry Ford en su momento. La anomalía aparece precisamente cuando Elsztain resuelve “poner la cara” tras resultar electo Milei, decide meterse en el barro de la política y quedar expuesto a la crítica, a la denuncia y al escrache. Y la respuesta a la pregunta que resuelve todo el enigma seguirá siendo por qué. ¿Por qué salir de la comodidad del anonimato ahora?

La misma pregunta deberá hacerse respecto a la decisión del Estado de Israel en el sentido de sincerar su vocación genocida a partir del pasado 7 de octubre. Hasta aquí Israel venía llevando a cabo una limpieza étnica más bien a cuentagotas en Palestina y a lo largo de casi 80 años, un genocidio silencioso, pero desde la puesta en escena de la invasión de Hamás el gobierno israelí ha decidido tirar todos los papeles y quedar expuesto ante el mundo. ¿Por qué? ¿Y por qué aparece ahora la revelación del caso Epstein, por qué se permiten las redadas en la sinagoga de la Jabad Lubavitch justo ahora y se encuentran allí, justo ahora, túneles que probablemente han sido construidos con el fin de llevar a cabo actividades de tráfico y corrupción de menores?
Véase bien, son todas variaciones de la misma pregunta, la cuestión aquí es entender por qué quienes han tenido una conducta de discreción durante décadas y hasta siglos y desde ese lugar han dominado el mundo deciden, de la noche a la mañana, revelarse frente a la opinión pública. Por alguna razón que aún no está del todo clara, el judío internacional que ha dominado desde las sombras la economía y las finanzas del mundo durante toda la modernidad y lo que va de la posmodernidad ha resuelto dar la cara o bien alguien ha decidido exponerlos con alguna finalidad que tampoco se deja ver con claridad. Lo cierto es que por primera vez desde los años inmediatamente anteriores a la II Guerra Mundial el judío internacional está expuesto frente a la opinión pública y la revelación del protagonismo de Eduardo Elsztain en la política y en el poder fáctico de Argentina es un símbolo fuerte de esa exposición repentina.

Solo queda por delante el uso del método hipotético deductivo, pero sin degenerar en especulación y en elucubración. Es fundamental no perder de vista que el sistema-mundo está en proceso de cambio desde un orden mundial de hegemonía unipolar de los Estados Unidos —y, por lo tanto, con Israel entre los más beneficiados por ese orden— hacia un esquema más bien multipolar en el que potencias emergentes como Rusia, China, Irán y Brasil, entre otras, reclaman su cuota de protagonismo en el concierto de las naciones. El judío internacional jamás ha quedado pegado con potencias decadentes y es poco probable que vaya a hacerlo ahora con los Estados Unidos e incluso con el mismísimo Israel, su proceder no es una cuestión de lealtades nacionales. Y entonces es posible que el judío internacional esté también transitando, reinventándose para acomodarse otra vez en un lugar dominante sobre el nuevo orden mundial naciente.
Todo eso ocurre en simultáneo y a una velocidad inusitada, la Argentina está en el ojo de la tormenta y, no obstante, aquí los argentinos seguimos sin sospechar de lo que pasa. Al igual que cualquier judío internacional en prácticamente cualquier parte, Elsztain y sus amigos sectarios podrán seguir haciendo de las suyas y operando su reconversión hasta acomodarse a la nueva realidad sin mayores problemas pese a haber quedado expuestos en esta coyuntura. Y la razón de ello es que el judío internacional de un modo genérico está blindado por el poder del dinero, poderoso caballero si los hay, pero fundamentalmente por algo más profundo que es el miedo al mote de “antisemita”.
En la política y en los negocios desde tiempos inmemoriales todos los personajes son públicos, están expuestos y son sujetos de la denuncia, de la intriga y del escándalo mediático, salvo los judíos. Gracias a una exitosa campaña de victimización posterior a la II Guerra Mundial, se ha instalado que cualquier acusación, denuncia o mínima crítica a un judío poderoso es “antisemitismo” y se considera un delito tipificado en muchos países, fundamentalmente en aquellos donde el judío internacional ha logrado un gran nivel de dominación, como el nuestro. Ese es el blindaje poderoso con el que se oculta todo tipo de maldades y operaciones sectarias que no pueden denunciarse por miedo al grito de “antisemitismo”.

Claro que ese blindaje no protege a los judíos nacionales que son los judíos de a pie legítimamente insertos en la sociedad como ciudadanos comunes y corrientes, aunque estos suelen sostener ideológicamente el blindaje con el que el poderoso judío internacional se defiende de sus detractores. Los judíos de a pie y algunos no judíos sobreideologizados —o muchas veces ensobrados— refuerzan todos los días la zoncera de que denunciar a un judío internacional por sus chanchullos es “antisemitismo”, ponen el centro de la atención en la pertenencia étnica o religiosa del corrupto y la desvían de la corrupción por este practicada. Y por eso es tan difícil llegar al fondo de los misterios que el judío internacional crea para envolverse en mística y encubrir su intensa actividad política, económica y financiera que siempre es en detrimento de quienes no forman parte de su secta, o el 99,9% de la humanidad.
Es preciso tener coraje y no dejarse amedrentar por la extorsión de quienes atacan como secta y se defienden como religión, de quienes ejercen el poder fáctico para hacer violentas maniobras en perjuicio de la comunidad y, al ser denunciados, se cubren gritando que los denuncian por ser judíos. Elsztain, Soros, Mindlin, Werthein y demás sectarios son el mal, pero no lo son por el hecho de ser judíos: lo son porque forman una asociación ilícita con el fin de cometer delitos y crímenes aberrantes contra una humanidad a la que ellos consideran subhumana. Y para no ser descubiertos en su proceder, gritan victimismo siendo victimarios. Esa es la farsa, el judío internacional —que ni siquiera es semita, pues desciende de los jázaros del este de Europa— debe ser desenmascarado y su secta debe desmantelarse por el bien común. La lucha será dura y es posible que muchos caigamos en el proceso. Es preciso tener coraje y mucha, muchísima humanidad.
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